Powered By Blogger

sábado, 11 de agosto de 2012

India III

Si quieren empezar a leer en orden: India I - India II

Nuestro viaje hacia Nueva Delhi empezó unas semanas atrás con las compras de los tiquetes y la odisea que ya les conté. Luego de eso decidimos comprar tiquetes de avión hasta Calcuta (dos horas y no salió tan costoso como nos habían dicho) y luego irnos en tren desde Delhi hasta Agra. Hasta ese momento sólo teníamos confirmados los tiquetes de vuelta. Quedaban unas cinco horas para llegar a Delhi y no sabíamos si nos confirmarían los tiquetes de Delhi hasta Agra, pero como no podíamos hacer nada hasta llegar, pues entonces nos levantamos, nos organizamos y fuimos al aeropuerto de Calcuta.


 El trayecto fue divertido porque pude apreciar mejor la ciudad sin tanta gente encima y con un clima relativamente decente. Calcuta es una ciudad que se expande rápidamente y eso se puede atestiguar en la cantidad de construcciones que hay en las afueras. Claro que su sistema de andamios sigue siendo un poco precario. 

Esta parte de Calcuta fue la primera que vi cuando llegué, pero el cansancio no me permitió disfrutarla bien. Esta segunda vez pude ver mejor y es mucho más tranquila que el resto de la ciudad. O puede ser porque también íbamos muy temprano. Estas fotos fueron tomadas a las 5am.


(Disculpen la configuración del texto, pero tengo problemas para mover las fotos)











Llegamos al aeropuerto de Calcuta y noté la primera diferencia (de muchas): sólo entra al aeropuerto quien viaja (no permiten acompañantes) porque piden el documento a la entrada y si no apareces en la lista de pasajeros, pues no entras. Todo, absolutamente todo se hace de forma manual, desde el check in hasta la revisión de maletas. Cuando uno pasa a la banda donde se tienen que revisar las maletas y a uno por si lleva cosas de metal se encuentra con otro choque: ¡ésta también es manual! Uno entra una especie de cubículo cerrado con unas cortinas. Adentro hay un podio y, en nuestro caso (por esto de hombres y mujeres entrando por sitios diferentes), una policía femenina que nos revisó. Creo que nunca un policía había tocado tanto. De verdad que se siente bastante invasivo. Casi me sentía en una de esas situaciones de las antiguas cortes donde revisaban a las doncellas para saber si todavía eran vírgenes.... ¡qué impresión!

Después de esta manoseada pasamos a la sala de espera. Como nuestro vuelo salía a las 6am, estábamos despiertas desde las 3am, así que compramos café para mantenernos despiertas mientras subíamos al avión. Aquí tengo que contar otra cosa curiosa, generalmente cuando uno pasa este punto, el tiquete lo revisan en la puerta de embarque y ya luego uno se monta al avión. Pues allá no, nos pidieron tiquete para entrar al pasillo de la sala de embarque, los de la puerta de embarque, un policía antes de subirnos al bus que nos llevaba al avión y un señor antes de subir al avión. ¡Creo que no me sorprendería si también hubiera tenido que mostrarle el tiquete a los del aseo! Por eso es mejor dejar el tiquete en la mano y tenerlo a la mano cuando salgas del avión porque también lo piden a la salida (sí, yo también quedé con cara de ???... no es que sea tan fácil colarse a ese avión.... ¿también registran a los que se bajan?)

El café no tuvo el efecto que deseabamos y después de unas cuantas fotos aéreas de Calcuta y de darnos cuenta que el monzón estaba en todo su esplendor debajo de nuestro avión (no vimos nada de paisaje) nos quedamos dormidas y llegamos a Delhi.


Vista aérea de Calcuta. Río Ganges que al entrar a Bengala se llama Hoogly. Lagos que rodean la ciudad.

Llegamos a una muy hirviente y calurosa Delhi. La primera impresión es que es una ciudad muy urbanizada. El aeropuerto es mucho más bonito que el de Calcuta y mucho más moderno. Aquí tomamos un taxi prepago (la mejor forma que no te engañen tanto) que nos llevó a la estación Nizzamudin. Me cobraron 240 rupias que, según la página Taxi Fare estaba más o menos dentro del rango que cobra un taxi con aire acondicionado.

Salida aeropuerto de Nueva Delhi.

Delhi me recordó mucho a Medellín (quitando la parte del calor abrasador), las grandes avenidas, las paradas de bus, las pistas elevadas y... las motos metiéndose por todas partes. De verdad que son desesperantes. Los auto rickshaws de allá están mucho más organizados y los conductores están uniformados. Como íbamos en un taxi con aire acondicionado, pudimos observar con tranquilidad y comodidad esta parte de la ciudad. El aeropuerto está rodeado de propiedades del ejército, por eso todo edificio que veíamos (hospitales, base aérea, centro de entrenamiento) tenía las palabras "Indian Army".




Llegamos a la estación de tren Hazrat Nizzamuddin, de dónde salía el primer tren. Ya nos había llegado la confirmación, pero no teníamos los tiquetes impresos. Encontramos un puestecito al lado de la entrada de la estación  donde se hacían llamadas e impresiones. Cien rupias después, teníamos la impresión de los tiquetes para ambos viajes ( y sí, fue la impresión más cara de toda nuestra vida).
Entrada de la estación Hazrat Nizzamuddin.

Entrar a una estación de trenes en India es entrar en otro mundo. En Colombia no hay trenes desde hace mucho tiempo, entonces no sé cómo habrán sido en su época (igual creo que cubrían distancias muy pequeñas). Los trenes europeos... bueno... son excelentes, y aunque una que otra estación necesite un poco más de mantenimiento, se caracterizan por su limpieza y orden. Entonces, con este estándar en mente, una estación de trenes en India es sencillamente un caos. Es entrar a la casa de millones de indios y ver sus costumbres en primera fila.

Lo primero que asalta tus sentidos es el olor: un vapor caliente e impresionante mezcla de sudor, basura, deshechos humanos, y ropa sucia.


Puesto así suena horrible (y al principio lo es) pero no es nada comparado con lo que nos esperaba después. Además, después de un rato uno se acostumbra.

Vista desde la sala de espera.

Como faltaba casi hora y media para que llegara nuestro tren, nos fuimos a la "sala de espera" de la estación. Ya conté que los trenes en India tienen una división de vagones entre "sleeper" (la clase más baja), AC (los que tienen aire acondicionado) y primera clase (estos nunca los vi). Las salas de espera también estaban divididas así... con el leve detalle que aunque tenían la división de vagones, era un mismo cuarto grande y caluroso lleno de gente tirada en el piso, sobre sábanas, descalzos, descansando mientras esperaban el próximo tren.

Afuera de la sala de espera.

En India la forma más barata de viajar es en tren, y al ser un país tan grande, ir de un lado a otro es cosa de mínimo uno o dos días (los trenes viajan constantemente tres o cuatro días). Así que mucha gente hace conexiones entre estaciones y aprovechan para bañarse y descansar en las estaciones. Hay baños acondicionados con duchas (y a estas no les tomé foto porque el sólo oler la puerta del baño casi me hace vomitar) y la gente aprovecha para lavar su ropa y ponerla a secar (y la cuelgan en plena sala de espera, por eso digo que es entrar y ver las costumbres de una casa.... multiplicadas por varias)

Señor limpiando el techo de una de las plataformas.

Como yo necesitaba ir al baño urgentemente, y ni loca me iba a meter a ese baño, fuimos a buscar algún puesto de comidas cerca a la estación y encontramos uno al lado. Los baños eran limpios y pudimos encontrar jugos y tortas de naranja que llevamos para el camino. Como allí había aire acondicionado, nos quedamos la hora completa y luego fuimos a la estación a buscar la plataforma y a buscar el vagón.

Volver a la plataforma fue el nuevo mini-infierno porque si el primer encontronazo odorífero había sido fuerte, este no sólo era más fuerte, sino que también incluía el sentido de la vista y del tacto. La cantidad de gente era impresionante y cuando por fin ubicamos nuestra plataforma, nos encontramos que había gente aún más extraña esperando el tren. Vimos un señor en un estado de avanzada desnutrición gateando por la plataforma. Había una señora tirada (espero que durmiendo) que tenía como una especie de tumores en el cuerpo, había niños sentados y rodeados de moscas. Honestamente no fue una visión muy agradable y fue grande la batalla para dejar mi contenido estomacal dentro de mi estómago.


Como mi hermana no me dejó tomarle foto a los personajes anteriores (excepto al señor de la foto de arriba, que me pareció muy curioso y aproveché a tomar foto de rapidez) decidí tomarle foto a la estación en sí. 


Esto fue unos cuantos minutos antes que ese andén se llenara hasta un punto impresionante, y nos empujaran hacia las vías del tren (pues, hacia el borde, no dentro de) y aunque era la única parte con techo, preferimos irnos hacia el sol porque lo que vimos en las vías nos dejó atónitas:


Sí, es caca de humano en las vías (y esta es la versión decente). Y ¿cómo sé que es de humano? pues porque vi a la gente tranquilamente bajarse sus pantalones e ir al baño en la vía (bueno, eso había sido varios minutos antes y pensé que simplemente estaba agachado con esa forma particular que ellos tienen de agacharse). Aunque eso no fue todo, mientras estaba tomando la foto escatológica, logré captar el momento en el que el señor que vende la comida pasaba entre la caca, por los rieles y se subía a la plataforma.


Sobra decir que no quería mirar esas frutas y mucho menos que se nos acercara con los pies sucios (por cierto, iba descalzo).


En ese momento la presión era mucha, el olor, la vista, el calor. Pero nos aguantamos porque ya iba a llegar el tren, y entrar al vagón fue casi que una bendición. De hecho, el vagón no estaba tan mal, y teniendo en cuenta lo que habíamos visto, era muchísimo mejor. El aire acondicionado estaba bien, nuestra litera era más que suficiente para las dos, tenía cortinitas que cerramos para tener privacidad y pudimos tener un viaje tranquilo hacia Agra. Una cosa curiosa fue que antes que el tren saliera (sin anunciar porque allá no se anuncian las paradas ni las salidas) vimos una mano metiéndose entre las cortinas, pero desde abajo del tren, desde el suelo. Cuando abrió la cortina, vimos a un niño de unos 10 años, supremamente sucio y desnutrido pidiendo una moneda. Estaba barriendo el suelo con dos trapos y sacando la basura. Esto fue bastante triste (dejando de lado el susto).


 Camarotes en clase AC-2. 

Cuando el tren empezó a moverse, nos entretuvimos viendo el paisaje y, definitivamente se conoce un país viajando en tren. India es un país de contrastes impresionantes, puedes estar viendo un palacio y al lado un basurero.  Lo que vimos es evidencia de la cultura de la basura de sus habitantes: no existe. La gente vive en los basureros, no cerca de la basura, encima de la basura, rodeados de basura. Es triste ver semejante atraso y pobreza, y entiendo por qué las personas que nunca han visto este tipo de pobreza se asustan tanto. En Medellín hay barrios así, en Colombia hay lugares mucho peores, la gran diferencia con India es que este tipo de demostración es pública y está en TODO el país, en todas las carreteras, en todo el campo. La pobreza es grandísima y es publicitada, en Colombia, tristemente, se esconde.







Estas son algunas de las imágenes que tomé mientras íbamos en el tren. La gente usa las vías del tren como paso peatonal y sin mucha precaución. Hasta vimos vacas en las vías, lo que explicaría ciertos accidentes.

El caso fue que llegamos a Agra a una estación mucho más pequeña y sólo fue pisar la plataforma cuando un señor se nos acercó y nos dijo que los taxis de los turistas estaban en tal parte. Yo lo miré con cara de "¿pero cómo sabe que somos turistas?" y le dije que gracias, que yo lo buscaba sola. El caso es que se nos pegó hasta que di con la cabina, y resulta que no era que él nos quisiera seguir sino que ellos van a buscar gente a las plataformas y los llevan hasta la cabina para ganarse  la carrera. Aquí tengo que decir que, después de leer todas las historias sobre timos y robos que hacen los indios a los turistas, estaba un poco asustada, no porque nos fueran a hacer daño, sino porque no quería que me vieran como la turista tonta (o me robaran jejeje). Quería demostrar seguridad, confianza, pero sin parecer grosera.... no fue tan fácil....

Estación Agra Cantt.

Al fin pagué la carrera y el señor nos llevó al hotel, no sin antes hablarnos de los tipos de excursiones que realizaba y... aquí tengo que agradecerle a mi hermana que por lo menos tiene mucho más sentido común que yo... casi caigo y termino diciéndole que sí, que le compraba el paquete turístico que nos ofrecían. Ahí también me di cuenta que a mi me enredan muy fácil cuando se trata de transacciones de negocios. Sin embargo, tuve un problema en el hotel porque con ellos sí que pedí un paquete turístico con el que tuve un problema de marca mayor.

El hotel se llama Taj Resorts y  tengo que concederle que tenía todo lo que su propaganda ostentaba: quedaba cerca a la entrada este del Taj Mahal,  tenía vista de la cúpula del Taj Mahal (esto, supongo, fue en otras épocas, a nosotras nos tapaba la construcción de otro edificio) buenas instalaciones, una terraza hermosa donde cenar escuchando música india en vivo y una vista de las cúpulas del Taj. La atención fue buena y por ese lado no me quejo (excepto quizás por que el wifi era malísimo y la luz se fue varias veces). Sin embargo, no recomiendo a nadie tomar los tales planes turísticos porque después de organizar un día para visitar templos y demás, me salen con el chiste que sólo había alquilado el carro y no había pagado las entradas a los templos. Eso lo cuento con más detalle en el próximo post.

                                                                     Inmejorable vista desde nuestra habitación.

Ese día que llegamos, subimos a la terraza a cenar y nos fuimos a dormir para descansar porque al otro día teníamos que estar levantadas desde temprano para comprar el tiquete e ir al Taj sin tener que hacer mucha fila. 

Música en vivo. Señor tocando la cítara.

miércoles, 1 de agosto de 2012

India II

Continuando con el relato del viaje a India.


 La vista desde mi ventana.

Esa primera semana en India fue la semana que he experimentado los dos cambios de clima más violentos en toda mi vida: de un calor de 45 grados celsius, un sol brillante y cero viento, a una lluvia impresionante, humedad a tope y seguía haciendo calor. Hay días en que voy en el metro de Barcelona y siento esa temperatura y ese ambiente caluroso, y me acuerdo mucho de India.


La casa de la música.

Esa primera semana continuamos paseando por Calcuta, donde pudimos ver más muestras de su hermosa arquitectura y del estado general de la ciudad. Nos gustaba mucho pasear por la que llamábamos "La casa de la música", una casita preciosa en forma de barco con decoraciones musicales.


Centro de Calcuta, cerca a la Mother House.

Otra de las aventuras fue la ida al centro de la ciudad. Aquí la idea era ir a conocer la casa de la Madre Teresa de Calcuta (Mother House), pero al llegar y ver los laberintos tan extraños que eran, la cantidad de gente que había y el calor tan insoportable de ese día, decidimos verlo desde la lejanía y pasar al segundo punto de la lista: la compra de artesanías.

En el centro de Calcuta, gente bañándose en la calle, pasadizos oscuros

Esa fue al primera vez que montamos en taxi público y definitivamente uno tiene que estar preparado para todo. El primer señor tenía su taxímetro bien puesto y nos cobró la tarifa que era. El segundo, se hacía el tonto, decía que no entendía y se la pasaba preguntando a los otros dónde quedaba. Lo más chistoso es que  no sabía que se enfrentaba a dos colombianas ya curtidas en asuntos de "evasión de timos", cuando le dijimos que nos dejara en una calle que ya conocíamos, ahí mismito nos cobró 200 rupias (el doble de lo que sabíamos que costaba la carrera y para eso si que no tuvo dudas) pero nosotras le sacamos un billete de cien rupias y nos bajamos. El señor empezó a protestar, pero lo dejamos ahí hablando solo y luego se fue (obviamente nosotras teníamos un poco de susto, porque en mi imaginación el señor se bajaba y nos perseguía por todo el centro... jejeje).

El taxista timador.

Después del incidente y después de mucho caminar y de antojarnos de todo, encontramos este lugar llamado "Curio Emporium" (16/2 Chowringhee road - Grand Hotel Arcade - 700013 Kolkata) donde compramos las artesanías más hermosas que encontramos al mejor precio. Muy buena calidad y una atención excelente. El dueño mismo (Curio) nos atendió y fue muy divertido hablar con él porque nos contaba las historias de cada artesanía y fue muy divertido el regateo porque por cada precio que nos daba, nosotras le disminuíamos la cantidad y le decíamos que éramos clientes fieles (fuimos varias veces esas dos semanas) y que si nos dejaba contentas con el precio, le haríamos propaganda. Lo prometido es deuda y por eso hoy lo recomiendo. También se pueden contactar con él al correo archit_ahuja@hotmail.com o al teléfono 9831062632. De verdad que son las artesanías más bonitas que he visto y de muy buena calidad.

Los centros de registro de matrimonio, muy populares en toda Calcuta. 


En general, el centro de la ciudad me recordó al centro de Medellín o al de Barranquilla en quincena, por la cantidad de gente, la bulla, los olores. Es increíble la cantidad de gente que hay en India, salen de hasta debajo de las piedras. La contaminación era mucho más palpable allí y obviamente los olores mucho más fuertes y penetrantes. Lo más chistoso fue cuando nos queríamos devolver, y preguntamos por el bus: ¡nadie sabía que bus nos llevaba hasta nuestra casa!

Agachate... y vuélvete a agachar... forma curiosa como la gente se agacha en todos lados. 

Dimos varias vueltas hasta que yo vi un bus que decía "Salt Lake City" y nos montamos... pero de esas corazonadas que a uno le dan, le pregunté al señor a mi lado si ese bus iba para Salt Lake, y me dijo: "No, este viene de Salt Lake, tienen que subirse al que va hacia el otro lado". Ahora, coger un bus en India es hacer gestos y correr detrás del bus hasta que pare y te puedas subir (así sea en la mitad de la calle con la amenaza de más carros metiéndose donde estás tu), la bajada fue otro rollo, porque hubo que esperar que el señor se dignara parar y estar muy pendiente que no viniera un motociclista loco justo en la parte donde te bajas (exactamente la mitad de la calle).

Tranvía de Calcuta desde el puesto de control de tránsito.

Luego nos tocó seguir buscando la calle (subir el doble de calles y ya estaba anocheciendo) hasta que dimos con un puesto de control de tránsito. Sólo un policía sabía qué bus podíamos coger y nos indicó una calle abstante estrecha, nos dijo el número (porque los otros caracteres estaban en Bengali) y esperamos un rato, luego vimos el número y nos montamos en el bus (corriendo detrás de él, obviamente). Al montarnos en el bus (que estaba muy lleno) fue curioso porque dos señores nos vieron y nos dieron el puesto (pero un poco reticentes) yo estaba a punto de decirle que no se preocupara, que se quedaran sentados, pero mi hermana me jaló y me sentó. En eso empecé a notar que hombres y mujeres estaban separados, y cuando leí las etiquetas en el techo del bus me di cuenta que hasta ahí hay diferencias. Los hombres van de un lado, las mujeres van de otro lado y hay sección reservada para los adultos mayores. Entonces nos dimos cuenta que aunque los hombres se pueden sentar en la sección de mujeres, cuando se monte una le tienen que dar el puesto. Ese día agradecí esas leyes porque iba muy cansada y no quería estar más tiempo de pie.

Esto fue algo muy común en todos lados: aeropuertos, Taj Mahal, centros comerciales etc, los hombres y las mujeres entran por lados diferentes, se sientan en lados diferentes, tienen compartimentos diferentes.

En el centro comercial los hombres entran por un lado, las mujeres por otro.

Los buses son baratísimos (7 rupias) aunque dan muchísimas vueltas. Nuestro trayecto tomó como una hora y algo más; ahí me di cuenta que iba en una cafetera rodante, a ese bus le sonaba hasta la pintura, yo pensaba que en algún momento se iba a partir con tanta gente que iba adentro y me tenía desesperada la forma de avisar que alguien se iba a bajar: un golpe bastante fuerte a la lata y luego tocaban una campanita... Aunque yo ya he tenido experiencias con buses viejos y llenos, por lo menos los de Colombia tienen un timbre (aunque los gritos son los mismos).

Otra cosa curiosa de la dinámica automovilística es pegarle a los carros mientras pasan, como una forma de decir "ojo, aquí estoy, no me vayas a pisar". Mi hermana me decía que donde allá en Colombia a alguien le toquen el carro con esa violencia, seguro que se ponen a pelear, pero aquí no... era un comportamiento muy normal.

Una cosa que me gustó mucho de mi estadía allá fue la televisión. Yo tengo esta manía cada vez que viajo y llego a un hotel (o a cualquier lugar donde haya TV) y empiezo a pasar los canales para ver la oferta y para "familiarizarme" con el habla, los acentos y hasta los comerciales, porque me ayudan a conocer un poco la cultura y formarme una impresión de su dinámica mercantil.

La televisión allá me gustó mucho por una razón muy básica: estaba en inglés y tenía los canales de películas disponibles. El poder volver a ver películas en su idioma original fue un alivio después de los doblajes que he escuchado aquí. Lo chistoso era la censura de las películas: todas las escenas de sexo o alusivas a sexo estaban eliminadas y si no podían eliminar la escena, entonces cambiaban los subtítulos o ponían una censura de silencio en ciertas palabras. Todas las películas extranjeras tienen subtítulos en inglés (el idioma común de toda India), entonces era muy chistoso cuando uno escuchaba al personaje decir "Holy shit" y los subtítulos decían "Holy sheep" o cuando decían "Fuck" y los subtítulos ponían algo como "Freck"... no paraba de reírme cada vez que veía una censura de esas.

La propaganda reinante con los modelos del momento.

Otra cosa que me llamó la atención fue la propaganda nada sutil sobre la belleza femenina. El ideal es el de una mujer de piel clara, ojos claros, piel sana, cabello sano y cuerpo escultural... esta mujer se puede vestir de forma occidental (shorts, camisas ceñidas, accesorios) cuando se trata de vender pero cuando se trata de promover los valores, ella siempre elegirá el saree, cubrirse y pintarse el bindi y los otros adornos propios de su cultura. También había una propaganda de una crema que regenera la piel y cuyo lema era "black out, white in" haciendo referencia a que la piel oscura se debe al exceso de sol que la maltrata y le da ese color. Esta crema promete devolver el color blanco a su piel y verse bonita y conseguir marido y casarse y tener hijos y vivir feliz por siempre (bueno, esto es exageración, pero como es el cliché de la cultura...). También es curioso que el actor o actriz de moda sea la cara de varios productos. Eso no es nada raro en ninguna parte del mundo, pero allá parece que no tuvieran más modelos, porque siempre son los mismos, una y otra vez...

En fin, esa misma semana el jefe de mi hermana nos invitó a cenar a un restaurante chino muy famoso en Calcuta. Debo decir que es la mejor comida china que he comido hasta el momento. Estaba adornada con el picante indio que no le puede faltar a nada, pero estaba deliciosa. Probamos una versión india de la Coca-cola llamada "Thumbs up", y nos contaron que hubo un tiempo en que la Coca-cola estaba prohibida en India, por lo que se ingeniaron esta bebida. Sabe muy parecido, incluso mejor, que la Coca-cola.

En los baños pudimos observar que estaban acondicionados de forma occidental y oriental. Aproveché que nadie me veía y tomé una foto de los baños orientales. Aunque dicen que son más sanitarios, me sigo preguntando cómo hacen para sostener el equilibrio ahí y no mojarse la cantidad de ropa que llevan puesta.



Y llegó el fin de semana que inciaba nuestra peregrinación (jejeje) al Taj Mahal, pero antes, recuerdo que "Mis cositas" me pidió que le tomara fotos a las placas de carros. Te cuento que no entendí si era una metáfora o era literal, pero aquí te envío el regalito! Las dos primeras son de Calcuta, las dos segundas son de Delhi, en Agra no pude tomar, ya luego les cuento por qué!






jueves, 19 de julio de 2012

India I

Presentando a continuación el relato de uno de los viajes más increíbles que he hecho en mi vida. Viajar a India es entrar a un mundo donde todo es extremo, salvaje, increíble, contradictorio. Lo que conocí de este país me hace replantear todos los conceptos que tenía en mi mente, sobre la India, sobre Europa, sobre Colombia. Todo lo que creía conocer se vio enfrentado con un mundo tan extraño y exigente que hicieron que mi mente se abriera de una forma inesperada, que me diera cuenta de lo que tengo, lo que me hace falta y como, por encima de todas las diferencias culturales, los seres humanos seguimos siendo seres humanos y tenemos ese pequeño trazo que nos hace similares.

Después de esta entrada medio apocalíptica, medio zen y medio loca, procedo a relatar mi experiencia en este hermoso país.

Salí de una muy soleada Barcelona y el primer impacto de que iba a dejar el primer mundo se dio desde la fila del aeropuerto. Ya había contado que cuando fui a Colombia, pude identificar cuál era mi avión porque era la sala dónde más bulla había. Aquí identifiqué cuál era mi mostrador por los vestidos llamativos de las señoras y porque iban en manada. Honestamente creo que el peso Colombiano está devaluado más allá de cualquier devaluación... los indios viajan en grupos grandes, papá, mamá, hijos, tíos, primos, como si fuera viajar por Europa. Yo hice mucho sacrificios y ahorré mucho para pagar un sólo tiquete y ahí estaban ellos, cinco o seis de una misma familia, es bastante curioso.

En fin, el caso es que se nota que voy hacia el medio oriente y más allá porque sus vestidos son llamativos, su lenguaje es inconfundible (bueno, no se entiende nada) y porque, al igual que mis compatriotas, no saben lo que es viajar ligero. Delante mío había dos familias ingresando tantas maletas que pensé que cuando llegara mi turno me iban a decir que tendrían que enviarla en otro avión. Pasé inmigración y para la sala de espera donde me esperaba otro comportamiento muy propio de ellos, el erupto luego de comer o tomar algo. Con todo, yo iba emocionada porque la primera parada iba a ser en el desierto de Quatar, en Doha.

En algún momento pasamos por una ciudad llamada "Batman".

Despegamos al cabo de un rato y primer punto feliz del día: el azafato era un papasito! un moreno de ojos verdes esmeralda, Dios! que hombre tan lindo y tan amable! El vuelo fue muy cómodo, la comida muy rica y me entretuve mucho viendo el recorrido que hacía el avión, cuando íbamos saliendo de Europa y entrando al mundo árabe y cuando pasamos por territorio iraquí recordé que hacía una semana habían bombardeado un avión caza estadounidense... después del pequeño ataque de pánico, me entretuve viendo el desierto, los pozos de petróleo de Bagdad y su eterna llama ardiente y por fin la entrada a Doha y el aterrizaje en el desierto.

Saliendo de Europa y entrando a Asia.

Salir del avión fue salir del congelador para entrar en el horno. Creo que nunca había sentido tanto calor en mi vida, y eso que eran las 10pm! El aeropuerto de Quatar es hermoso, la arquitectura es una combinación de arabescos y estructuras modernas, es precioso. La gente que vi... podría resumirlo como que respiran dinero, los vestidos de las mujeres eran esos mantos negros que las cubren, pero la tela era preciosísima, estaban adornados con diamantes y otras piedras, zapatos y bolsos de marca, joyas de oro y plata y celulares que creo no haber visto nunca... es sencillamente deslumbrante!

Aterrizando en Doha, Quatar.

El caso es que mi parada fue de apenas 20 minutos porque mi vuelo llegó retrasado y tuve que correr en el aeropuerto para alcanzar mi otro avión. Aquí fue muy chistoso porque la mayoría de integrantes eran de la India (casi los mismos que vi en Barcelona) y volví a sentirme como en el avión que me llevó a Colombia, sólo que esta vez iba hacia el otro lado.

Llegar a Calcuta fue retroceder en el tiempo: el aeropuerto parecía sacado de una película de bajo presupuesto y la infraestructura de los años 70. Es bastante sucio y su sistema de transporte es muy gracioso: son buses viejos y el aire acondicionado sale más caliente que el de la temperatura de afuera. Llegamos a las 3am, pero entre inmigración y esperar mi maleta, salí a las 4:45 del aeropuerto. Llegué a la Guest House y me dormí inmediatamente.

Mi primera habitación en la Guest House.

A las 9am tocaron mi puerta y me despertó el ama de llaves (Ranu) preguntándome qué quería de desayuno, luego llegó el dueño a darme la bienvenida y luego alguien que trajo los enseres del baño. Les dije que mi hermana llegaba a las 2pm y que la hicieran pasar cuando llegara. Luego dormí otro rato y me levanté y organicé a esperar a mi hermanita.

No puedo poner en palabras la alegría tan grande que me dio verla. Es como si hubieran pasado años (aunque hablamos dos días antes) y saber que había alguien de mi familia cerca me emocionó mucho. Hablamos un rato y luego salimos a llevarle los regalitos a sus compañeros y a su jefe.

Esa primera impresión de Calcuta quedó marcada con fuego en mi memoria por varias razones (quitando el cansancio del viaje y el calor tan insoportable): la basura era increíble, estábamos en un sector exclusivo de la ciudad y había basura (aunque no tanta como vi después en otros lados), el mal estado de las vías y... la mirada insistente de los hombres!!

El salvavidas en Calcuta, centro comercial City Center. 

Mi hermana ya me había advertido que allá son acosadores con la mirada, y yo pensaba, mientras no toquen, todo va bien. Resulta que ese acoso visual ¡es tan fuerte como uno manual! Ellos no están acostumbrados a ver brazos o pecho (y hablo más hacia arriba de la parte divertida), y se enloquecen apenas ven un poquito. Aunque me parece raro porque los sarees, los vestidos tradicionales, dejan ver el estómago... diferencias culturales muy raras.

El metro en construcción, tramo de la calle Karunamoyee.

Mi hermana trabaja en el sector comercial de la ciudad y aunque están los edificios de las empresas más poderosas de India, también se ve que no cuidan la urbanización como tal. Se ven matorrales rodeando los edificios (aunque una vez se cruza la puerta, por dentro, los edificios son otra historia) y verdaderos tugurios donde venden comida y donde tanto me advirtieron que no comiera nada y, aunque no comimos ahí, el jefe de mi hermana nos invitó a té y debo decir que es el mejor que he tomado en mi vida! Me cuidé mucho con la comida en este viaje, pero puedo decir que lo más seguro para tomar en cualquier parte de la India es el té, cualquier té, es delicioso, hay variedad y nunca te hace daño.


El rickshaw: carrito tirado por señor en bicicleta. Una buena forma de conocer la ciudad.

El autorickshaw, la versión motorizada.


En ese mismo lugar vi la primera culebra gigante, pasando al lado mío como si nada. Monté en los autorickshaws (una especie de moto-carro urbano de distancias cortas) mientras mi hermana me explicaba las rutas, y por ir distraída casi me pierdo el día después. Me sorprendí con las construcciones porque los andamios eran de bambú, y cada que alguien se montaba, vibraba toda la estructura.

El sector de la construcción en pleno auge.

Los dos primeros días fueron de reconocimiento y ubicación (la cual nunca logré, pero por lo menos me aprendí los caminos y los transportes que debía tomar). En la Guest House donde me hospedé viven los dueños quienes han viajado por todo el mundo, conocen las costumbres occidentales y nuestras preferencias alimenticias. Esto fue una ventaja porque sabían que no me podrían preparar las cosas tan condimentadas ni picantes. Así tuve la oportunidad de comer deliciosos platos indios con un nivel de picante y de especias tolerable. La comida india es deliciosa en todas sus presentaciones.

Pollo con especias, vegetales asados, dahl (sopa de lentejas) chapati (especie de tortilla).

Como mi viaje iba a ser corto, ese primer fin de semana lo dedicamos a realizar las compras de los regalos que mi hermana llevaría a Colombia. Dividimos la lista entre hombres y mujeres a quienes les llevamos regalos. Para las mujeres es fácil encontrar porque casi todo el comercio en india está dedicado a nosotras. Dedicimos ver la ropa étnica para llevar un recuerdo que gritara "estuve en India". Les llevamos unos vestidos preciosos llamados kurtis, son como una camisa larga de algodón con estampados preciosos. De estos compramos varios pero en versión camisa, es decir, más cortas. Son súper cómodos y frescos. Yo no me quería quitar los míos y todavía los uso en este calor de Barcelona!

Imagen tomada de aqui.

A los caballeros de mi familia fue más difícil porque la ropa étnica es bastante más llamativa (y más cara) razón por la cual fue mucho más complicado elegir. Decidimos llevarles artesanías y cuadros hermosos que representan dioses y escenas de la vida cotidiana. Eran tan lindos que yo me antojé de uno y me lo compré. Adquirí mi segundo cuadro que colgaré cuando compre mi casa (la foto la subo en un próximo post).

India es un país politeísta, lo cual quiere decir que adoran varios dioses. Es posible encontrar muchísimos templos, artesanías, cuadros y demás expresiones artísticas dedicadas a los dioses. Mientras comprábamos las artesanías le pedíamos a los vendedores que nos contaran las historias de cada deidad. Es curioso ver que cada quien tiene su propia versión, algunos ni siquiera sabían la historia. Entonces nos tocó hacer un poco más de investigación y fuimos a Crossword, una librería que funciona también como sala de lectura. Allí vimos varios libros dedicados a la mitología y a los dioses indios.

Leer esto es también otra experiencia porque uno se queda preguntando ¿quién escribió ésto? y más importante ¿qué había consumido?... los dioses son seres altamente violentos, sexuales y viven sólo para el placer y la satisfacción personal. Está bien, ayudan a los seres humanos en ocasiones, pero tienen unos comportamientos bastante curiosos y exigen unas ofrendas un poco exageradas para complacerlos (mil años de meditación... por ejemplo). Además, físicamente son extraños. Tienen varias caras o varias manos, sea para ver muejeres bonitas y tocarlas como en el caso de Brahma, o para luchar contra los demonios, como en el caso de Kali y Durga. Los dioses también tienen poderes sobrenaturales extraordinarios, como que se pueden dividir y dar origen a nuevos dioses. Reencarnan en seres ordinarios como peces o vacas, y, en el caso de la Trimurti (los tres principales Shiva, Brahma y Vishnu) vienen varias veces a la tierra también como humanos.

Mitos y leyendas de los dioses de India.

En Calcuta, la diosa patrona es Kali. El templo en su honor está en Calcuta pero cada vez que planeabamos llegar pasaba algo que nos desviaba del plan (el calor, los taxistas, malas direcciones, otro plan surgía) entonces nunca pudimos ir. Luego nos enteramos que todavía hacen sacrificios animales allí en su honor (algo que me habría espantado demasiado) y que se cree que no hace muchos años se hacían sacrificios humanos. Kali es una diosa guerrera y la patrona del hogar (me pregunto si eso significará que el hogar es una guerra...) y se caracteriza por tener la lengua afuera como símbolo de vergüenza por haber pisado a su marido cuando bailaba. Resulta que una creencia hindú dice que los pies son órganos sucios, ya que son los más alejados de la cabeza (que es la divinidad). Se cree que cada persona lleva un dios dentro, por esta razón, tocar a alguien con los pies es un insulto. Cuando accidentalmente uno golpea a un hindú con los pies (o bueno, los que yo he visto tanto en la empresa como allí en India) ellos hacen una seña bastante simpática con sus manos en el pecho y en la boca, el equivalente de santiguarse para un católico. Esto significa que tu divinidad disculpa el hecho del accidente con los pies (o algo así, en esta parte ya había perdido el hilo).

Una de las cosas que más me impactó en este primer fin de semana fue el cambio tan brusco de estratos sociales. Esto lo pude atestiguar en las otras ciudades, pero se veía de forma más marcada en Calcuta, porque son todavía una ciudad muy conservadora y tradicionalista. Los señores de la Guest House donde me quedaba tenían varios "sirvientes" (como ellos mismos los denominaban) y cuando se analizaban sus comportamientos, los "sirvientes" (que obviamente pertenecen a una casta más baja) mantienen la cabeza agachada y actitud de servidumbre. Fue curioso porque hasta Ranu, el ama de llaves, cuando estaba con nosotras prefería sentarse o si nosotras estábamos sentadas ella se agachaba en el piso. Los contrastes se ven en la calle de forma aún más fuerte. Nosotras  nos quedamos en el barrio bueno de la ciudad, y aún así, a la salida de ese barrio se ve la pobreza extrema. Hay varios lagos que bordean la ciudad, y era posible ver verdaderos tugurios viviendo encima de un lago verde lleno de mosquitos. De eso no pude tomar foto porque cuando mi hermana me llevó a caminar por ahí estaba haciendo demasiado calor y entre eso y la gente, el tráfico y los mosquitos lo único que quería era llegar a alguna parte que tuviera aire acondicionado; por eso, de Calcuta, sólo puedo mostrar las fotos de la parte bonita.



Otra cosa curiosa es la cantidad de templos "express", o templos callejeros. En una esquina de la calle cuelgan la foto de un dios, la adornan y ponen luces y flores y listo, un templo para adorar al dios de ida o vuelta al trabajo. No tomé foto en el momento de la adoración porque mi hermana no me dejó (yo quería tomarle foto a todo, pero menos mal ella me detuvo en varias ocasiones que habrían sido bastante de mal gusto) pero en el día, cuando están "cerrados" se ven así:




Calcuta me recordó mucho a las ciudades costeras de Colombia, en especial los barrios pobres, porque la dinámica es más o menos la misma: la cantidad de gente en las calles, el calor, las casas con las puertas abiertas, la basura por todos lados, las calles en mal estado, la bulla increíble. Mientras en la costa colombiana la bulla es música en los "picós" allí son altavoces y una grabación de los libros sagrados de ellos (¡misa todo el día!). ¡Sólo cambia el idioma y la vestimenta!


Otra cosa común es la politiquería y la corrupción reinante. Cuentan los compañeros de mi hermana que una de cinco personas tiene algo que ver con la política, con el partido de turno y (al igual que en Colombia) los más pobres dependen de ese chanchullero para sobrevivir.


La falta de conciencia ecológica y la huella de carbono que tienen es increíblemente elevada. Para ingresar a todo lado te revisan hasta el alma y si llevas portátil o cámara te hace un papelito donde consta que llevas ese tipo de electrodoméstico (esto me pasó varias veces entrando a los supermercados y a los centros comerciales). El gasto de papel es increíble y parece que la gente no supiera que la basura va en la caneca (y, tampoco es que haya muchas canecas), entonces botan directamente los papeles al piso. Esto lo vi en el aeropuerto, en los malls, en los supermercados y, obviamente, en la calle.




El campo no está muy tecnificado, pero tampoco tiene mucho control sanitario, puesto que al lado de los cultivos de arroz pasan las aguas de deshechos.. aunque de esto hablo con más detalles más adelante.

Piel de serpiente en las cunetas.

Los animales fue otro tema bastante recurrente: vacas, perros que parecían hienas de los sarnosos y pulgosos, chivos y hasta culebras, conviven con los humanos en la calle. La mejor parte era atravesar las cunetas llenas de piel de serpiente!

 La vaca que nos dio un coletazo de bienvenida.

Hablando con una amiga que está en Mumbai, me decía que en India es público lo que nosotros hacemos de puertas para adentro. Esto se evidencia en el hecho que la gente va al baño (a hacer del uno y del dos) en plena calle. También tienen la manía de escupir en el piso, y lo que escupen es de color rojizo. Esto porque comen una especie de hojitas frescas después de las comidas, que les deja la saliva roja. El problema es que cuando llueve, todo ese material de desechos humanos se levanta con el agua y el olor es insoportable (aparte que estás caminando entre caca, orina y saliva... en sandalias... aunque yo no me quité mis tenis por más calor que hiciera!).

"Por favor no escupa"

En fin, Calcuta fue una ciudad que me sorprendió porque no fue lo que me esperaba. Al ser considerada una ciudad con los índices de pobreza más altos en toda india (lo cual no es mentira), me sorprendió mucho encontrar también el otro lado de la moneda, la riqueza que contrasta fuertemente con esa visión occidental que tenemos de las misiones y de los religiosos que ayudan a los más pobres. Es una ciudad de extremos, climáticos, sociales, religiosos. La dinámica de la gente es tan parecida a Colombia, pero a la vez tan diferente que fue toda una aventura estar allí.

Este post lo dejo hasta aquí porque vuelvo a desconectarme por el fin de semana, pero la próxima semana que vuelva sigo narrando mis aventuras por la India y cómo fue mi convivencia con los locales.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails