sábado, 24 de septiembre de 2011

Desde España

Ha pasado mucha agua bajo el puente desde que escribí mi último post. Tanta que ahora mismo no estoy en Colombia. Por fin estoy en España, empezando el primero de mis dos años de maestría en el extranjero.

Quería escribir desde antes, pero las múltiples ocupaciones no me dejaban y cuando por fin tenía tiempo... no me salía nada: estaba totalmente en blanco. Creo que con cada día que pasaba, con cada día que se acercaba el viaje, más nerviosa me ponía y hasta llegué a pensar que ya no quería viajar. La última semana me puse insoportable y para colmo de males, el día que viajaba, a mi perro lo mordió otro más grande (un pastor alemán). Entre las idas a la veterinaria, los puntos que hubo que darle y la tristeza de dejar Colombia en esas condiciones, casi casi que no viajo. Pero, a fin de cuentas sí viajé y ya empezaré por contar de mi llegada.

El viaje Medellín-Bogotá fue más rápido de lo que creí porque me ofrecieron ir en un vuelo que salía media hora antes. La despedida de mi familia fue rapidísima (aunque creo que eso ayudó a que no me arrepintiera) y cuando ya quise reaccionar, estaba en el aeropuerto El Dorado esperando que saliera mi vuelo a Barcelona.

El vuelo tardó 10 horas. De ellas me pasé 8 durmiendo pero incómoda porque las sillas casi no se estiran, entonces me tocó dormir apoyada sobre mi lado derecho que llegó encalambrado.

Cuando llegué a Barcelona, el paisaje era hermoso. La ciudad está al borde del mar y el aeropuerto también, y como llegué finalizando el verano, aún había sol y el día estaba azulito. Tanto que se confundía con la línea del mar, dando una sensación de mar arriba y abajo o cielo arriba y abajo. Sencillamente hermoso.

Sin embargo, mi ánimo no venía tan alto. Cuando aterrizamos, se me salieron las lágrimas por todo lo que había dejado en Colombia, por mi familia, por mis amigos, por mi perrito… estaba bastante sensible. Luego busqué las maletas, llegué a inmigración y después de que el funcionario de turno me preguntara varias cosas sobre mi estadía (tiene mi visa que dice estudiante y pregunta ¿usted viene a estudiar?... ) me encontré con mi amigo que me recogió en el aeropuerto. De ahí cogimos el tren que va a Barcelona, hicimos transbordo en otra estación y por fin el tren que va a Cerdanyola. Cuando llegamos, el señor de la casa donde me hospedo nos recogió en la estación y llegamos a la casa.

La casa es sencillamente genial. Es en realidad un apartamento, pero es el primer piso entonces tiene una terraza gigante. Aquí es curioso el sistema de conteo de pisos. El piso que da a la calle es el piso cero, el inmediatamente siguiente es el primero, luego el segundo etc. En Colombia el que da a la calle es el primero, luego el segundo, luego el tercero… en fin… cosas curiosas.

Como decía el apartamento es precioso. Tiene sala comedor y balcón, recibidor, cocina integral con un pequeño patio, el baño con bañera (y casi que mío porque en este momento sólo vivimos el señor de la casa y yo y él tiene su cuarto con baño) y tiene cuatro habitaciones: la del señor (que de jueves a lunes comparte con su compañera, otra señora colombiana que hace muchos años vive aquí en España) otra que usa como despacho, y una cuarta que puede o no alquilar (dice que este año no quiere alquilarla, entonces la puedo usar para mis invitados).

Detrás de las habitaciones está la terraza más grande que he visto en mi vida. Tiene un techo eléctrico, hamaca, muchas plantas y las cuerdas para la ropa. Es amplia y soleada y muy fresca. Oficialmente es mi lugar favorito en la casa.

Ese primer día el señor nos llevó a mi amigo y a mí a dar una vuelta por la universidad y luego a Barcelona a conocer por encimita la villa olímpica, Barceloneta (que es una playa) y otro apartamento que él tiene allá. La primera impresión es que es una ciudad bonita.

Al otro día fui con mi amigo a conocer la universidad en forma y a buscar la oficina donde debía ir al lunes siguiente. Ese día aprendí a leer los mapas de las líneas de buses, aprendí a usar los buses internos de la universidad y conocí varios bloques y facultades. Es una universidad gigante, muy arborizada cosa que me encantó porque me aterran los espacios áridos.

En la tarde hice mi primera compra de comida aquí, en un supermercado llamado “Dia”, la comida en general me pareció más barata que en Colombia. Muchas cosas las encontré diferentes (como la leche o el yogurt) pero otras muy internacionales. Como yo no tengo apegos extremos por ninguna comida en especial y como en mi casa se come comida muy internacional, el cambio no fue mucho en realidad. Lo que va a ser diferente es que ahora me toca cocinar a mí.

El señor de la casa es sibarita: le encanta la buena mesa y la buena cocina. Desde que llegué sólo he cocinado mi almuerzo una vez, porque todos los otros días me ha brindado comida o me han invitado a comer o he comido por fuera. He comido unas paellas de muerte (ya más adelante pondré fotos) y he probado los mejores embutidos, vinos y quesos de mi vida. Tengo que vigilar mi ingesta porque me prometí que iba a cuidarme estando aquí, pero con esa tentación constante, no sé que voy a hacer.

El sábado fuimos a Barcelona a conocer Plaza Cataluña, Passeig de Gracia y una de las Ramblas. Ya mi amigo debía volver a Tarragona y yo debía regresar sola a mi casa. Ese viaje me gustó mucho porque estudié las lineas de los trenes y entendí cómo funcionan las que van para mi casa. Ese día sentí que la nostalgia bajaba un poco y sentí que ya me estaba empezando a adaptar. En la noche salí a dar una vuelta y luego a hablar con mi familia.

Ese mismo fin de semana me invitó a almorzar una ex vecina de uno de mis profesores de Colombia con quién había intercambiado correos desde Colombia. Es una señora muy agradable que adora a los colombianos y adora a Colombia. Me cayó muy bien y pasamos toda la tarde en un almuerzo muy agradable y delicioso: paella!!!

La semana que siguió ya fue en función de la universidad, pero eso lo tocaré en otro post. Lo que puedo rescatar de ese fin de semana es que al principio fue muy duro, tenía mucha nostalgia por mi familia, pero me ayudó mucho poder hablar con ellos por Skype (hablamos todos los días) y pues, saber que estoy aquí porque es algo que quiero, y aunque sea la primera vez que nos separamos, no quiere decir que nunca más los voy a volver a ver. También me ayudó mucho sentirme más independiente aquí al aprender a moverme en la ciudad, al conocer las rutas de buses y los varios lugares.

Eso me dio cierta confianza en que yo sí puedo solita y que sé que voy a sacar adelante este proyecto. Obviamente, voy un día a la vez, pero bueno, de un día en un día he completado un poco más de una semana y ya puedo decir que estoy contenta.

2 comentarios:

  1. Kate tengo ganas de ir a Barcelonaaaaaaaa, a ver si nos vemos antes de que se acabe el año :)

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  2. Kate muchos exitos en tu maestria... Un abrazo

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