jueves, 25 de noviembre de 2010

Los supervisapos

Estaba en estos días leyendo un artículo sobre los perfiles que se encuentran comúnmente en un ámbito laboral. El escritor mencionaba que todos tendíamos a seguir un cierto tipo de perfil que resaltaba un cierto aspecto de nuestra personalidad. Algunos de esos perfiles eran defectos o cualidades negativas que se incentivaban de forma bastante marcada, generando a aquellos personajes que son objeto de las burlas de los correos que envían por ahí por Internet.

El lambón (o adulador para ser más políticamente correcta), el que no hace ni deja hacer, el envidioso, el trepador, el chismoso etc., son sólo algunos de los personajes que a diario nos encontramos en nuestro trabajo (y en la vida diaria… para qué negarlo).

En mi oficina hay un personaje que reúne las características de varios de los personajes anteriormente nombrados y que muy sabiamente una compañera bautizó como: el supervisapo.

En todas las oficinas hay un supervisapo. Es el tipo que debemos tolerar en aras del “buen ambiente” pero que no vemos la hora que meta la pata para que se vaya… si son tan afortunados.

¿Quién es el supervisapo?

Este personaje es generalmente un mando medio con ínfulas de gerente. El background de dicho personaje es casi siempre una persona rechazada por falta de suficiencia social, exceso de amor propio y una marcada tendencia a darse más ínfulas de las que en realidad posee. Es posible que esto se deba a una seria carencia de amor y afecto en su vida (casi siempre estos personajes son físicamente desagradables) pero se necesita más investigación en esta área.

El supervisapo generalmente llega a la hora en punto y sale en punto. No se queda un minuto más nunca. A no ser que se lo paguen. Para ellos todo se reduce a plata. Sin plata, no hay trabajo y saben aplicar muy bien este lema. Como tiene ínfulas de gerente, tratan de buscar los espacios más grandes, los escritorios más grandes, los casilleros más grandes, para así alimentar su fantasía. Casi siempre buscan situarse en un puesto que les de una vista panorámica de todo su entorno, de esta forma pueden estar enterados de todo lo que sucede, y sentir que su poder se incrementa. Otro de sus lemas es: la información es poder, y desafortunadamente, muchos de los supervisapos manejan información que (como siempre utilizan para mal) puede ser dañina para quienes no estén en su lista de favoritos.

Estar en la lista de favoritos de un supervisapo no es garantía que uno no lo tenga como enemigo. El ego de estas personas es tan grande que se creen por encima de la palabra. Sin embargo, es bueno no tener al supervisapo de enemigo, porque son altamente rencorosos y cuando vean la oportunidad, le clavarán el cuchillo en la espalda.

Su apodo surge porque es una persona que debe estar pendiente de ciertos procesos, pero que decide estar pendiente de procesos que no le corresponden. De esta forma necesita estar en medio de todas las conversaciones, cualquier risa y/o comentario se lo toma personal, puesto que en su fantasía, el mundo gira en torno suyo y es el centro de atención de toda la oficina, así en la vida real nadie note su presencia y sólo lo busquen cuándo lo necesiten.

Como la fantasía de dicho personaje se extiende a todos los aspectos, él también se cree el matador del lugar, el chayane de vereda. Es el típico empleado que las mujeres conocen como “viejo verde”, porque siempre está echando los perros, soltando piropos y acosando a las nuevas presas.

Obviamente las características se pueden ver acentuadas o matizadas por diferentes aspectos, grado de escolaridad, procedencia regional, creencias religiosas, estatus social etc. Pero la esencia del supervisapo es la misma. Casi siempre anda con paranoia por algún aspecto empresarial, sea que le competa a él o no. Y como su nombre lo indica, puede ser un sapo que cuando uno menos se imagina, y por el motivo menos pensado, hablará de usted con la persona menos indicada.

En fin, todos conocemos a un supervisapo en nuestras vidas (porque son tan descarados que hasta se camuflan en vecinos, compañeros de estudio y otros ámbitos), por tanto hay que saber cómo comportarse con un supervisapo. Es importante tener en cuenta que el supervisapo tiene mucho amor propio, por esa razón nunca le dará la pelea de frente, sino que irá como una culebra, rastrero, sigiloso, esperando a ver cuándo usted se distrae para mandar el veneno.

Eso sí.. si usted no logra identificar en su empresa un supervisapo… puede que entonces… el supervisapo sea usted!

La comunicación en el ámbito laboral

Como ando incomunicada con el resto del mundo porque en mi oficina decidieron aplicar unas políticas estrictas en lo referente a la seguridad de la información y el control que se aplica sobre ella, mis posibilidades de comunicarme disminuyeron. Entonces decidí que de alguna forma me tengo que expresar. Así que voy a mejorar mi escritura y voy a ver si puedo desatrasarme de todas las cosas que tengo en la mente, pero que no he tenido tiempo de escribir.

Como mi acceso al chat queda restringido al chat interno, dónde casi no tengo conocidos ni ganas de hablar con nadie, decidí volverme bien juiciosa y hacer varios cursos virtuales que ofrece la compañía. El que estoy haciendo actualmente se llama “Virtual Team Communication” y trata sobre las habilidades que debe tener una persona que dirija un equipo de trabajo virtual.

Yo he trabajado de forma indirecta con esta modalidad, cuando he dirigido proyectos de traducción o cuando hice parte de un grupo que estaba desarrollando un proyecto de investigación, así que no es un campo particularmente desconocido. Sin embargo, aunque la comunicación virtual aplicada a los negocios es una herramienta que minimiza costos, que permite un trabajo casi constante y continuo, también presenta muchos inconvenientes como posible falta de comprensión entre el equipo de trabajo (el lenguaje escrito y el lenguaje oral tienen marcos completamente diferentes), puede presentarse un cierto desapego o falta de compromiso por el mismo hecho de ser algo virtual y todo esto puede influir en el buen curso del negocio.

Aunque no es propiamente en lo que enfatiza el curso, su contenido me hizo pensar que la comunicación (virtual y personal) en el ámbito profesional es un tema bastante delicado. Este tema ha sido estudiado desde todos los puntos de vista: psicológico, organizacional, jurídico etc, pero la teoría no proporciona los suficientes medios o no muestra el espectro completo de lo que la comunicación profesional es y debería ser.

Con comunicación profesional me refiero a todo el conjunto de actividades comunicativas realizadas en un plano profesional. Esto va desde la comunicación impersonal (a través de correos, memos, publicaciones internas etc) hasta la comunicación personal (reuniones, debates, charlas de pasillo y cocina, charlas a la hora del tinto, conversaciones jefes- subordinados etc).

El mayor problema con este tipo de comunicación es que a pesar de querer dar unos niveles o patrones sociales para seguir, a menudo deja de lado que los actores de la comunicación son seres humanos, y que por muy profesionales que sean, son personas sometidas a diferentes tipos de presiones y emociones que afecta su convivencia con los demás.
No puedo hablar desde la experiencia porque la verdad es que no tengo. Sólo he vivido en esta oficina y es el único mundo que conozco (en materia laboral), pero lo que he podido notar aquí es que llega un punto en que las personas renuncian a ser ellos mismos con tal de seguir las directrices de un puesto.

Pongo un ejemplo, hace unos días, una de las ingenieras me contaba que estaba muy estresada porque tenía mucho trabajo (una carga de trabajo demasiado exagerada) y que ella es obsesiva con el trabajo, sin embargo, ella sabe eso y está tratando de no dejarse consumir por el trabajo, pero eso le está causando problemas. Si no trabaja y cumple, tiene problemas, pero si se afana en cumplir con su trabajo, su hija se resiente y se deprime porque no puede pasar tiempo con ella. Yo le pregunté que porqué no hablaba con la jefe para que le bajara la carga de trabajo, ella me dijo: “es que con ella no se puede hablar, para ella sólo existe la frase: cumpla y no me interesa saber más nada”.

Yo sé que trabajar en una fábrica es algo estresante y demandante, pero ¿hasta qué punto se le debe dar prioridad al trabajo? El trabajo es algo importante en la vida de un ser humano, eso nadie lo niega. Albert Camus decía que “Sin trabajo la vida se pudre, pero cuando el trabajo no tiene alma, la vida se ahoga y se muere”. Pero, ¿se debe sacrificar la personalidad, el bienestar, la salud e incluso la capacidad de entablar relaciones por un aspecto laboral?

A ver, estoy saltando mucho, lo que me impresiona es que en un ámbito laboral uno pueda llegar a cerrarse de forma tan cínica y poco saludable “porque así lo exige mi ambiente”. Yo no soy la persona más sociable del mundo, puedo interactuar de forma educada y hasta animada con la gente, pero me cuesta mucho hacer amigos. Abrirle mi corazón a alguien es un proceso que me toma años (literalmente) y que no le permito a todo el mundo inmiscuirse mucho en mis cosas. Como yo hay muchas personas así, sin embargo, eso no nos impide interactuar gratamente en cualquier plano con los demás. Yo tengo claro que en el ámbito laboral uno no va a hacer amigos, pero, ¿sería tan malo hacer colegas con los que se tenga un buen ambiente laboral?

En la oficina en la que estoy (y creo que en muchas oficinas pasa esto) a pesar que hay gente muy amable con quienes se crea un ambiente de trabajo muy agradable, hay muchos otros que enturbian ese ambiente. Son mentirosos, rastreros, arribistas, dobles, peligrosos y no tienen sentido de la comunidad. No digo que todo el mundo deba ser un santo, pero estamos hablando de personas adultas comportándose como adolescentes. Aquí la comunicación se ve impactada por sentimientos personales, y lo que más me impresiona es que es la primera vez que veo cómo la sed de poder, de alcanzar un mejor status social o simplemente carencias personales que se arrastran, pueden convertir a una persona en un ente difícil que entorpece los procesos y que puede crear un “mal ambiente”.

La comunicación en el ámbito laboral se ve muchas veces entorpecida porque, lo que he notado en mi trabajo, es que todo el mundo quiere hacerse notar pero nadie quiere asumir la responsabilidad de lo que se hace. Esto causa que un gran porcentaje de la comunicación quede en suposiciones y cosas que se deben asumir o están en “entredicho”, con lo cual contradice una de las máximas de la comunicación de negocios: todo debe ser muy claro.

Pongo otro ejemplo, hace unos días un manager de otro proyecto me pidió que le ayudara con un trabajo, para esto yo debía pedir la instalación de unos programas y debía seguir un proceso. Dentro de este proceso, mi jefe debía aprobar la instalación de esos programas y, aunque yo le conté bien para qué necesitaba los programas y quién me los estaba pidiendo (y debo resaltar aquí que es alguien con mucho mayo rango que ella), ella me rechazó el pedido sin dar ninguna justificación. Yo me asombré, pero luego me dije que bien, si ella no quería, yo no podía hacer nada. Luego alguien me comentó que posiblemente se debía a que ella no iba a permitir que yo trabajara para otra persona así como así. Posiblemente sea cuestión de egos, o la verdad no sé, pero esa falta de comunicación me ha parecido bastante extraña. Yo tuve la intención de preguntarle qué había pasado pero algo me dice que no es sabio hacerlo. Y eso es lo que me da rabia, que ese secretismo, esos celos infundados o esos egos inflados se mezclen tanto en mi ambiente que yo termine actuando como ellos. Lo peor es que muchas de las veces que he confrontado los hechos, he salido perdiendo. Entonces es el ambiente el que a uno lo vuelve así, pero ¿cómo luchar contra este tipo de ambientes?

No tengo respuesta a este tipo de preguntas, ni siquiera tengo puntos de comparación. Sólo me resta esperar y ver cómo se desarrollan las cosas y cuál será mi actitud natural hacia ellas.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La que no quería ser profe

Cuando era más joven yo decía que nunca iba a ser profesora (sí, la lengua castiga) mi excusa era que no soy una persona paciente, no me gustaba sentarme a explicarle algo a una persona "tapada" ni mucho menos me gustaba eso de buscar temas, preparar clases, corregir trabajos y hacer exámenes.

Después de pasar por el trauma de la ingeniería, luego de probar trabajos intermedios (que fueron desde ama de casa hasta ayudante de abogados), de ganarme la beca para estudiar psicología y rechazarla para irme a estudiar traducción; cuando descubrí que lo que estaba estudiando era lo que de verdad me gustaba, para lo que de verdad estaba hecha, es decir, cuando empecé a amar mi carrera, se me presentó la oportunidad de "enseñar" en un curso de traducción audiovisual que diseñamos con los otros integrantes del anterior grupo de investigación al que pertenecíamos.

Esta experiencia fue muy valiosa porque ahí descubrí que para mí no es complicado enseñar lo que me gusta y en lo que tengo experiencia. De hecho no lo vi como enseñanza sino como una forma de compartir lo que sabía con mis alumnos (que daba la casualidad eran mis compañeros).

El primer trabajo que tuve después de la graduación fue como profesora de inglés en el ITM (un instituto universitario), del cual hablé aquí mismo. Tenía mucho miedo porque una cosa era enseñar sobre traducción y otra muy diferente era enseñar un idioma. Sin embargo, era un reto, y a mí me gustan lo retos. Me senté muy juiciosa y diseñé un curso donde los alumnos pudieran aprender de forma divertida. De la experiencia pasada tomé la parte divertida, esa de compartir y no propiamente enseñar. La enseñanza en idiomas permite el uso de juegos, canciones y muchos otros recursos divertidos para que los alumnos puedan primero, quitarle el miedo a aprender otro idioma y segundo, adquirir por lo menos el conocimiento de unas estructuras básicas. Esas clases fueron todo un éxito porque fueron completamente diferente a lo que los alumnos venían acostumbrados.

Cuando entré a la empresa también al principio tenía susto. No sabía cómo era enseñarle un idioma a las personas adultas. Tenía la idea que los adultos son más quisquillosos y cositeros (aunque es verdad que los hay), sin embargo, la aplicación del método de aprender un idioma a través de juegos, de canciones, con chistes y en general, creando una atmósfera relajada, funcionó a las mil maravillas. Otra vez apliqué la técnica no de enseñar sino de compartir lo que yo sé, y tratar de aprender de ellos. Las clases fueron otro gran éxito y ahora voy en la segunda cohorte.

Este año también me propusieron dictar el módulo de Traducción Audiovisual en el Diploma en Herramientas para la Traducción. Como cosa rara, también tenía sustico antes de empezar. Aunque ya tenía la experiencia enseñando en traducción, en idiomas (jaja, qué creída... en inglés nada más... ahh y en español también) y en TAV, enseñar en el ámbito universitario (en un diplomado) requiere una preparación muy profunda, porque estamos entre profesionales, personas con años de experiencia tanto en la teoría como en la práctica. Sin embargo, la técnica de compartir lo que he aprendido siguió imperando y... a priori... muy a priori... creo que ha sido otro éxito. Los alumnos están muy entretenidos tanto con la teoría como con la práctica de lo que hemos visto en clase. Ya este viernes que viene se acaba el módulo, pero en estas sesiones que he tenido he notado una muy buena disposición de todos para escuchar los temas y aportar sus ideas en clase.

Trato de ver la enseñanza no como la típica relación profesor-alumno, sino como una forma de compartir con la gente mi propia experiencia. Creo que esto ha sido clave para trabajar en un terreno para el que no tengo preparación formal (porque no puedo negar que el ejemplo de mi mamá, que es profesora, me ha servido mucho). A pesar de todo, no habría cambiado mi carrera por una licenciatura y aunque me gustaría especializarme en herramientas y/o tecnologías para la traducción, me gustaría perfilar y mejorar mi técnica de "enseñanza", porque como bien dice el refrán: zapatero a tus zapatos.

En fin, este es un compendio de un año bastante agidato, en materia educativa, de la que no quería ser profe.

Días lluviosos

Estamos, literalmente, pasados por agua. No ha parado de llover en estos días, el invierno tiene damnificada la mitad del país y en riesgo a la otra mitad.

En Medellín, que es un valle rodeado de montañas y lleno de quebradas o pequeños riachuelos, hay un peligro latente: los derrumbes. La semana pasada, cuando subíamos para Rionegro alcancé a ver varios cierres en la vía debido a los derrumbes. Y estos están causados por la deforestación tan avanzada que sufren nuestras montañas en pro de la construcción de vías más rápidas.

Anoche que estaba en la Universidad llovió de forma espantosa, con rayos y truenos de los miedosos. La noche antrior, cuando salía de la oficina, la lluvia estaba en todo su esplendor. El problema es que empieza a llover a eso de las 6pm, continúa lloviendo fuerte hasta las 8 ó 9, da una tregua de una o dos horas y continúa lloviendo intermitentemente hasta las 5 de la mañana.

A pesar de los riesgos que tenemos aquí, por lo menos hay un buen sistema de alcantarillas, no como en Barranquilla dónde los arroyos incrementan mucho más los riesgos de la población. El problema de estar al mismo nivel del mar, y estar rodeados por un lado por el río y por el otro por el mar, no ayuda precisamente a mejorar la situación.

Muchas personas han muerto, muchas están perdidas y muchos otros damnificados. Los animalitos también sufren, se han perdido cabezas de ganado en las inundaciones y supongo que el resto de la vida natural ha sufrido los estragos de este invierno inclemente.

¿Ciclo natural o consecuencias de la negligencia humana? Lo que sea, espero que pare porque ya estoy hasta la coronilla de llegar como lora mojada a la casa.

Cosas que no cambiaría por nada en el mundo

Hay cosas que no cambiaría por nada en este mundo:

1. Saber que soy profesional y que soy independiente (o por lo menos empiezo a serlo).

2. Saber que tengo una familia que me ama (y a quienes amo) incondicionalmente.

3. Saber que tengo amigos cercanos a quienes adoro.

4. La carita de mi perro cuando se asusta (se ve divino)o cuando se siente juguetón.

5. Compartir la comida de Creppes con mis amigos de TAV (y el posterior helado).

6. La experiencia laboral y de vida que estoy ganando siendo tan jóven.

7. La cara de güeva del estúpido de mi oficina cuando le demuestro que tengo la razón (y cuando me entero que habla de mí a mis espaldas, porque demuestra que me tiene miedo).

8. Pasar una tarde de domingo con un buen libro.

9. La increíble sensación que siento cuando veo el mar (sí, soy de la costa, pero el mar me sigue maravillando cada vez que lo veo)

10. La cara de mis alumnos cuando les explico algo nuevo de forma divertida.

11. La sensación de ser capaz de transmitirle conocimiento o formar a otro ser humano.

12. Cuando los extranjeros me agradecen por la ayuda que les doy durante su estadía aquí (¡en especial cuando los envidiosos se enteran y les da rabia!)

13. Cuando aplico una venganza elegante a los que me han hecho (o intentado hacer) daño.

14. La decisión de haber iniciado este blog.

15. Saber que, aunque yo sea acelerada y las cosas no me salgan como yo quiero y ya mismo, tengo amigos (físicos y virtuales) que me apoyan y me animan a continuar.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Happy Diwali

Ayer, en la oficina, celebramos el Diwali. Ya he contado que yo trabajo con muchos ingenieros de la India, y ayer fue el día oficial de celebración del Diwali o "Fiesta de las luces". Esta fiesta es, en resumen, la celebración del triunfo del bien sobre el mal, un poco el año nuevo de los indios y es tan importante como la navidad para nosotros.



Este día es festivo en India y lo celebran con todas las ganas. Se levantan temprano, se bañan con aceites aromáticos, limpian bien la casa, preparan dulces típicos para compartir con familia y amigos y dibujan rangolis, los cuales son unas figuras hermosas, coloridas, que se hacen con tiza, flores y se adornan con velas y faroles.





En la oficina hicimos rangolis colombianos (es decir, sin tiza). Utilizamos cartulinas para recrear los diseños que más nos gustaron y los pintamos con vinilos. Decoramos con flores frescas, velas, y farolitos. La idea de los rangolis es que sean un obsequio de bienvenida para la diosa Lakshmi, para que ella traiga prosperidad, armonía, paz y buena suerte a los hogares.







Las imágenes no son muy buenas porque mi mp4 casi no tiene resolución. Si logro conseguir fotos más bonitas las subo.

También comimos un postre típico del sur de la India. Se llama Payasam y es básicamente una especie de arroz con leche, pero en vez de arroz lleva fideos. Se acompaña de uvas pasas, nueces, almendras y otras especias. El postre quedó muy rico, aunque nos pasamos dos horas preparándolo y peleando con los indios porque era la primera vez que ellos lo preparaban por sus propias manos (generalmente son las mamás o las mujeres de la casa quienes cocinan, y mis queridos compañeros no tienen habilidades más allá de hervir la pasta). Sin embargo quedó muy rico.

En Diwali, la gente come muchos dulces hechos a base de leche y azucar. Nosotros queríamos llevar panelitas de coco, pero era mucha gente y estas son bastante caras.

La primera foto, que dice Happy Diwali y lleva un signo que parece un 3 nos gustó tanto que decidimos hacer una copia de ella, en grande, con flores de papel. Este signo es sánscrito y significa "om" (sí, el del mantra ooohmm)y este sonido se hace cuando uno quiere entrar en un estado de calma para hacer la comunión completa con la vida. Representa uno de los estados de acercamiento al poder supremo, para vigorizarse y renovar energías.

Esta foto no me salió muy bien, pero se alcanza a ver la cartelera.



En India, este día se celebra también con fuegos artificiales (cohetes, chispitas etc). Esta es una fiesta familiar, donde los vecinos comparten dulces y los niños juegan todo el día.

Fue una bonita reunión y una buena forma de terminar la semana: Conociéndo las celebraciones de una cultura con la que compartimos a diario.

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Relaciones abiertas?

Estoy leyendo un libro que hace rato tenía ganas de leer. Bueno, son varios, pero hoy apenas empecé con el primero. Hablo de la saga Millenium de Stieg Larsson, el escritor sueco que ha tenido tanta fama con dicha saga (a pesar que no vivió para ver los resultados de su trabajo).

Los libros son: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Nombres bastante extraños para una saga tan interesante como enrevesada.
Apenas voy en el primer libro y me tiene atrapada con la historia. El estilo es sencillo, ameno y bastante cautivador. Y no digo más porque no he terminado de leer. Ya en su momento hablaré de ellos.

Sin embargo, leí una parte de este primer libro (Los hombres que no amaban a las mujeres) que me dio más material para hablar sobre algo que hace rato me viene rondando por la cabeza.

No voy a contar la historia porque es muy larga y no deseo dañarle esa emoción a nadie, pero en esta parte del libro sucede algo que me dejó pensando. El protagonista Mikael tiene una amiga que se llama Erika, ambos son amantes desde que estaban en la universidad. Ella está casada y él estuvo casado también con otra mujer. El marido de Erika sabe de la relación que ella tiene con Mikael y la aprueba (por lo menos la acepta) y él, aunque le contó a su esposa sobre la relación que tenía con Erika, ella no aguantó este tipo de relación y se separó de él. Mikael tiene que irse a vivir a una isla y allí conoce a Cecilia, le cuenta de la relación que tiene con Erika y le dice que se ven de vez en cuando (lo cual es verdad, en el libro describen que no son amantes constantes, que tienen periodos de fogosidad y periodos de alejamiento). La química entre él y ella se incrementa y terminan acostándose. Una noche cualquiera, en que estaban juntos Cecilia y Mikael, Erika se aparece de sorpresa en la casa de Mikael y lo encuentra con Cecilia. Se disculpa por haber llegado de improviso, y les dice que ella viene más tarde. Él le dice que no importa, que se quede, Cecilia (que ya sabía la existencia de Erika) la saluda, aunque un poco incómoda, y Erika se queda, prepara el desayuno y los tres desayunan con mucha tranquilidad. Luego Cecilia los invita a ambos a cenar (junto con otra persona) y todo se desarrolla de la forma más natural y civilizada. Aunque al final Cecilia decide no seguir con él porque ese estilo de vida no encaja con el suyo (es decir, ser la oficial mientras el otro sigue viéndose de a ratos con su amiga).

Esto me pareció bastante… extraño. En el mundo en el que yo vivo, la historia se habría desarrollado más o menos así: Mikael y Erika son amantes desde la Universidad. Ella se casa pero no le dice nada al esposo. Deja de ver un tiempo a Mikael, pero un día cualquiera se lo encuentra y las viejas pasiones resurgen y vuelven a ser amantes (a espaldas del marido, porque donde se entere, los mata a ambos). Un día cualquiera, efectivamente el marido se entera y después de una pelea monumental en la calle, Mikael tiene que salir huyendo porque el marido de Erika lo amenaza de muerte donde lo vuelva a ver. Mikael se recluye en una isla y conoce a Cecilia, a quien hace su amante inmediatamente (sin decirle nada sobre Erika). Un día, Erika decide irse a buscar a su antiguo amante porque no aguanta la relación con su esposo (pero no se separa de él porque el hombre es muy poderoso y ella ya no sabe valerse por sí misma, entonces se condena a un matrimonio donde el marido desconfía de ella, pero no la deja irse). Erika llega y encuentra a Mikael con Cecilia, y sale corriendo indignada y llorando (¿cómo pudo cambiarme tan rápido?) y él sale corriendo detrás de ella para explicarle. No la alcanza y cuando vuelve a la casa, Cecilia está con cara de matarife diciéndole que quién cree que es ella, que ella no es plato de segunda mesa. Y lo bota de la casa.

Me reí imaginando la historia porque la escribí muy light, cosas peores se han visto (agarrones entre dos mujeres por un hombre… esos son los más chistosos). La duda que me queda es si existen relaciones como la que se describen en el libro (yo no tengo casi conocimiento de las culturas nórdicas, excepto por las historias que cuentan algunas chicas en sus blogs, donde dicen que la vida sí es muy liberada). De ser así, me parce que tienen una mente muy liberal. A mí no me parece que uno sólo pueda amar a una persona, en eso estoy de acuerdo con los protagonistas. Pero no sé si sería capaz de mantener una relación con alguien que tiene otro alguien especial. Creo que los celos terminarían por ganarme y dañar la amistad o el romance.

Es difícil conciliar esos puntos de vista. ¿Cultura?, ¿educación?, ¿conductas aprendidas? ¿pérdida de los valores? No sé. Por muy “mente abierta” que me considere, sé que mi cultura y mi educación (mi ambiente) me ganan, se terminan imponiendo y creándome… ¿prejuicios?... la verdad no sé. Es complicado, ¿serían ustedes capaces de mantener una relación como la del libro?

Halloween's Day


Octubre… Happy Halloween’s Month… y yo no puedo dejar pasar el momento para escribir mi apreciación personal sobre la fecha (y como mi nueva política es escribir de forma positiva… trataré de permanecer neutra).

No me detengo en hablar de los orígenes de esta fiesta porque está muy bien documentada. Wikipedia tiene información suficiente. Yo voy a hablar sobre la evolución que he visto de esta fiesta aquí en mi ciudad, en el círculo de personas que frecuento y lo que he visto a lo largo de mi existencia.

Cuando era pequeña mi mamá nos mandaba a hacer unos disfraces que siempre eran la sensación. Hadas, reinas, disfraces de fantasía y muchos otros estilos fueron nuestras personificaciones los 31 de octubre de los años de infancia. Las fiestas a las que asistíamos mis hermanas y yo eran fiestas para los niños, todos iban disfrazados, había recreacionistas, juegos y muchos (muchos) dulces. Sin embargo, era una fiesta de niños. Eran muy pocas las veces que uno veía a un adulto disfrazado, y casi siempre era con algún accesorio de los niños y sólo para molestar.

Con los años, las cosas fueron cambiando. Mientras iba creciendo, perdí el interés por disfrazarme (a mi precoz edad de 10 años ya me consideraba muy grande para seguir con disfraces de niños) y salir a pedir dulces. Sin embargo, más o menos cuando cumplí 16 años me invitaron a una fiesta de disfraces. Me pareció extraño el contexto porque yo ya me había dejado de disfrazar hacía muchos años. Pero me dejé contagiar de la emoción de mis amigos y pensé que iba a ser algo como “desempolvando los viejitos”. Oh error.

Cada año que pasa, son más los adultos que se han acogido a esta fiesta, se disfrazan y hacen fiestas de halloween exclusivamente para adultos. Esto muestra el poder que el marketing ha tenido en nuestro medio. Hemos logrado adaptar de forma asombrosa una fiesta que no es nuestra. Esta semana que estuve acompañando a una compañera a comprar los adornos para decorar la oficina me di cuenta que es toda una industria la que se mueve alrededor de esta fecha. Pelucas, calabazas, decoración y dulces son todo el imperio económico que se vive por estas épocas.

Sin embargo, ese no es el punto que quiero analizar. Que la gente se quiera disfrazar y quiera seguir tradiciones que no son nuestras no me presenta mayor problema (ajá…) además, la evolución dicta que las cosas cambian, nos guste o no. Lo que me impresiona son los disfraces que eligen las mujeres de hoy en día.

Un amigo mío decía que “halloween es la época en la que las mujeres sacan la puta que llevan dentro” (jejeje, aunque tengo mente “abierta” creo que soy demasiado conservadora… me sonrojé copiando esa frase) y aunque al principio me disgustaba, no me quedó de otra que concederle la razón. Playboy ha influenciado de forma muy efectiva nuestra sociedad: gatitas enfermeras porno, policías sexys y otra cantidad de disfraces de tono alto (y escote bajo) inundan las fiestas de disfraces para adultos.

La revolución y consecuente liberación femenina como ideología es muy buena, pero creo que en algunas partes se ha malinterpretado y se ha traducido como un libertinaje ramplón. Aquí habla la conservadora que hay en mí, pero la verdad no creo que esos disfraces representen para nada el espíritu de la fiesta (digamos que más fácil se pasan a las diablas casi empelotas, las brujas y vampiresas y otros demonios con sus encantos al aire... ¡y eso..!)

Creo que ya he contado en otra ocasión que aquí en Medellín la cultura del narcotráfico nos ha dejado con el estigma de que todas las mujeres son rubias (teñidas off course), hermosas, despampanantes de pechos y trasero grande (made in quirófano). La típica novia de traqueto, siliconuda y parrandera. Y es que ir al Lleras este fin de semana es encontrarse con que lo que dice mi amigo es la pura verdad. Este es el día en el que aprovechan todas para mostrar todo lo que han hecho en el gimnasio, ir a una tienda triple xxx (y ni eso, porque ya hasta en el Éxito se encuentra ese tipo de disfraces) y comprarse un disfraz provocativo con la excusa de “es que es para la fiesta de Halloween de Palmahía”.

Digamos que entiendo (tolero) este comportamiento entre las más jóvenes (igual, cuando tienes 18 años quieres ir mostrando tus encantos a la vista de todos), pero este comportamiento se ha extendido hasta las señoras… maduritas. Dichas damas salen con los mismos disfraces que las hijas adolescentes, como la cosa más natural del mundo.

La ola de embarazos adolescentes que hay en la ciudad (desde los años 80) ha causado que muchas mujeres no hayan tenido oportunidad de vivir su juventud plenamente, precisamente por estar criando muchachitos antes de tiempo. Y aunque es un comportamiento psicológico entendible, me sigue causando impresión ver a señoras mayores usar atuendos de jovencitas, totalmente reveladores de colores brillantes. No me malinterpreten, cada cual tiene derecho de hacer con su vida lo que quiere, pero vamos, que hay que estar acorde con la edad y con el entorno.

No profundizo en estas elucubraciones porque seguro me meto en un problema, y quién sabe si cuando yo sea mayor me dé por hacer lo que ahora critico (ojalá no me toque morderme la lengua… o los dedos) pero sigo pensando que ese tipo de disfraces son más apropiados para cosas como la intimidad, para la vida en pareja, que sé yo y no para “desinhibirte” por una noche porque “es halloween”.

La odisea de la beca de la Confederación Suiza

Ya contaba antes que octubre no siempre es un mes bueno para mí. No sé que sea, pero casi siempre hay algún suceso maluco este mes. El de este año se titula: “la esperanza perdida” (así y todo, pero no es tan dramático), sin embargo, como me prometí que iba a contar las cosas malas bajo una perspectiva positiva aquí va el relato.

No es noticia ni secreto que a mí me encantaría viajar al exterior a continuar estudiando mi maestría. En agosto o septiembre un ex compañero recibió la nueva buena que se iba a estudiar a Suiza (a una Universidad con la cual mi Universidad tiene un convenio) y se ofreció a llevar los papeles de los que estuviéramos interesados.

Al principio no presté atención porque la maestría que él mencionó a mí no me hace mucha gracia que digamos, y porque, la verdad es que nunca tuve entre mis planes presentarme a estudiar a ningún lugar donde se hable francés. A pesar que en la universidad me fue muy bien en este idioma, el francés y yo no somos muy amigos que digamos, y algunos sucesos acontecidos en esa época hicieron que el estudio de este idioma se volviera para mí una carga más que un placer. A pesar que yo nunca había visto el idioma y en poco tiempo ya estaba al nivel de los más “avanzados” de la clase (mi método de aprendizaje musical me ayudó muchísimo), algunas afrentas con profesores minaron fuertemente mi ego (porque no veo otra forma de describirlo) y me dejaron con una cierta inseguridad de mi capacidad profesional en este idioma.

Sin embargo, algún día estaba mirando en internet posibles maestrías y vi una que me gustó (me encantó) en la universidad donde está estudiando mi compañero. Cómo sé que es una ciudad muy costosa, y la manutención es cara, estaba buscando posibles formas de financiación cuando encontré una beca que ofrecía la confederación Suiza para pagar gastos de manutención en alguna Universidad de allá. Ustedes se reirán y me dirán loca (ahora que todo ha pasado, yo misma me rio y me digo loca) pero en ese momento yo sentí como una punzada en el corazón, como un presentimiento que las cosas se podían dar esta vez. Miré el perfil y encajaba perfectamente, así que con mucha emoción e ilusión, preparé los papeles y los envié. Reenvié la convocatoria a mis amigos y conocidos para ver si se animaban (lo cual mucha gente me criticó y me dijo que dejara de ser tan boba, pero ese es tema para otro post) y efectivamente una de ellas se animó. Enviamos los papeles y empezó el proceso de espera.

Creo que un mes después (en septiembre) me dijeron que debía presentarme a la embajada para un examen de suficiencia de lenguaje (o algo así) a mediados de octubre. Ya se imaginarán la emoción que tenía y toda la ilusión con la que preparé el viaje (era en Bogotá). Sin embargo, yo también tenía mis recelos: ya conté que en terreno de francés no me siento muy bien preparada, y desde que me gradué he trabajado sólo en ámbitos donde se requiere el manejo de inglés. A pesar de todo estaba el presentimiento que posiblemente las cosas se estaban alineado (ohh seres humanos, como nos gusta librarnos de las responsabilidades) y que esta vez el destino me tenía una buena sorpresa. Estudié bastante esas semanas previas, me preparé en la parte escrita porque no tenía con quien practicar la entrevista (excepto a mí misma hablando frente al espejo) y traté de buscar información sobre el examen.

Para mi sorpresa, no encontré casi nada de información (en realidad nada) sobre lo que podía ser un examen de conocimiento de lengua en una embajada para una beca. Nada del tipo de examen que sería (aunque en mi correo decía que sería una parte oral y una escrita). Y antes que los dedos me traicionen, aquí va el aporte positivo. Como no encontré nada, me prometí a mí misma que, a no ser que me hicieran firmar un acuerdo confidencial, iba a escribir un post contando un poco esa experiencia. De pronto le puede servir a alguien más.

En fin, llegó el día del examen y como soy totalmente psicorrígida, medio paranoica, casi no conozco Bogotá y para colmo me había dado gripa, llegué casi con hora y media de anticipación. Esperé en un café frente a la embajada y cuando llegó la hora me anuncié y me hicieron pasar. La embajada es linda, calientica y acogedora, y con más seguridad que un puente blindado. Exagero, pero están bien protegidos.

Llegué y me salen con la sorpresa que la primera parte es la entrevista. Las dos señoras estaban sentadas frente a una gran mesa ovalada y me contaron que me iban a hacer una entrevista de 30 minutos. Empezaron pidiendo que les contara un poco sobre mi vida, qué hacía y esas cosas. Conté como me llamaba, de dónde venía y un poco sobre mi familia, mi trabajo etc. Luego me hicieron preguntas sobre mi trabajo, porqué estudié traducción, qué maestría me interesaba cursar, porqué en Suiza, qué sabía de ellos, cómo me visualizaba en unos 10 años y que si estaba al tanto que las condiciones climáticas allá eran muy diferentes a las de Colombia (esta pregunta me pareció chistosa, pero la verdad es que, viviendo en el trópico toda mi vida, me queda como teso decir si estoy en condiciones de adaptarme… eso sólo se puede vivir en carne propia!). En la entrevista me sentí bien y segura, me sorprendí de lo fácil que puedo hablar una vez que me relajo (bueno, no me sorprende, pero es que era francés… pensé que me iba a bloquear o algo así). En esa parte me fue bien (decía yo!!) porque yo misma hago entrevistas en la empresa y sé cuándo las cosas están saliendo bien o cuándo está saliendo mal (lo que me acaba de acordar que es tema para otro post) y sé que en esa parte la conversación fue fluida. No voy a decir que hablé perfecto porque más de un tarzanazo cometí, pero sé que les entendí y me hice entender. La entrevista acabó mucho antes del tiempo y continué con el examen escrito.

Aquí debo decir que mantuve esta parte de mi historia bloqueada por un buen tiempo, apenas ahora me estoy permitiendo revivirla (yo sé que considerarán esto una exageración, pero es la primera vez que me presento a una embajada y para mí era EL suceso). La parte para la que más me preparé, para la que más estudié, y terminé con cara de ???

Me preguntaron sobre tiempos verbales (esta parte estaba fácil), luego me hicieron preguntas con locuciones verbales, del tipo ¿qué significa mettre le doigt dans les oreilles?, antónimos y sinónimos (esta parte tampoco estaba difícil), cambie el sentido de la frase (reformulaciones) con algunas preposiciones (y de verdad que hubo varias que no reconocí) y termine la frase (dan una frase y ponen una conjunción, uno debe terminarla acorde). No sé si fueron los nervios los que me traicionaron, pero me quedé por completo helada y bloqueada. No entendía lo que me decían y contesté más por inercia que por convicción. Al final había que escribir cómo me hacía sentir una imagen (para ver fluidez, accord du temps y otras cositas lingüísticas) pero con el ánimo que tenía, creo que no copié nada agradable ni legible.

Terminé temprano y revisé, pero entre más revisaba más me daba cuenta que no sabía ni J de lo que estaba escribiendo. Y me dio rabia no ser capaz de controlarme ni de relajarme. Esta fue una de las pocas veces que los nervios me ganaron de mano y no pude dominarlos. El caso es que entregué el examen, me dieron (oh ironía) un recuerdo y me dijeron que esperara los resultados.

El viernes pasado llegó lo que me esperaba: No fue elegida porque no tiene el nivel de idioma suficiente… No puedo decir que fue sorpresa porque me lo presentía (lo cual, dicho sea de paso, pone de manifiesto que mi clarividenciometro y mi presentimensiómetro están dañados) pero si me dio tristeza porque pensé que esta vez sí iba a ser. Tenía la leve esperanza que ellos se dieran cuenta que tengo la capacidad de aprender un idioma muy rápido una vez estoy inmersa en el ambiente adecuado (y es que con francés llevo una pausa de más de un año… y hasta más porque los últimos años de carrera casi no trabajé con este idioma) pero bueno, ellos tampoco son clarividentes ni tampoco tienen la obligación de elegirme porque yo quiero… o porque crea que tengo un buen perfil (jajaja.. ¿qué tal?).

Esta fue la triste historia de este octubre. Aunque a pesar de todo tengo buenos recuerdos y muchas enseñanzas. Compartí con una parte de la familia que no había compartido en mucho tiempo, ya sé lo que es una entrevista en una embajada (empezando porque conocí una embajada jeje), me di cuenta que aún me falta mucho para aprender a controlarme cuando estoy nerviosa (aunque pensé que tenía dominada esa parte de mi personalidad) y… la más importante de todas: ¡no vuelvo a intentar hablaren francés en mi vida!

Mentiras… ¿qué tal?… yo no me doy por vencida tan fácil… la enseñanza es que me debo seguir preparando en este idioma y vencer esos miedos del pasado que me siguen atormentando.

Bueno… creo que al final sí quedó un post positivo.

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