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viernes, 17 de febrero de 2012

Las personas a mi alrededor

Estos días en cama me han hecho reflexionar mucho sobre las personas que tengo a mi alrededor y mi interacción con ellas.

Cuando estaba en Colombia yo pensaba en mi misma como una especie de "solitaria". Tenía a mi familia, a mis amigos, pero me gustaba mucho dejar tiempo para mí, para meditar, para pensar sobre la vida, o simplemente para no hacer nada. El caso es que había momentos en que prefería estar sola que estar con alguien por ahí.

Allá, sin embargo, nunca estaba sola. Siempre había alguien de mi familia o algún amigo a una distancia de una llamada. Entonces si me quería aislar, era difícil porque siempre habría alguien por ahí.

Ahora, sumado a eso, tengo que reconocer que aunque soy sociable, no confío tan fácil en todo el mundo. Para yo poder decir que una persona es "amig@" mía, tiene que pasar mucho tiempo, muchos momentos compartidos y... aún así... no me logro abrir completamente. A tal punto que mis amigos cercanos se reducen a dos amigas del colegio y dos o tres de la universidad (en quienes confío plenamente). Ya me ha pasado en un par de ocasiones que, personas que creí que eran mis amig@s, han salido con unos comportamientos que me han sorprendido y herido. Por esa razón (y creo que por mi naturaleza rígida) soy muy estricta al momento de seleccionar amistades.

También tengo otro problema, un defecto que me avergüenza, pero que no he podido saber cómo mejorar (aunque si me pongo la mano en el corazón, no sé si quiera cambiar): no soy capaz de estar con una persona constantemente por mucho tiempo.

Para mí la amistad es compartir momentos, no estar con alguien todo el tiempo. Ya me pasó una vez en la universidad que pasé mucho tiempo con alguien y luego me terminó fastidiando. Claro que pensé que era yo sola y hablé con una amiga en común, ella me dijo que también le pasaba lo mismo, y que también se avergonzaba, pero esta persona en particular es muy absorbente, entonces no supimos si éramos nosotras y nuestra aversión por pasar mucho tiempo con alguien o la forma de ser de la otra persona.

Esto me pasa y a veces me atasco porque hay gente a mi alrededor que llega un punto en que me asfixia, pero no sé cómo decirles de forma educada pero firme: "dame mi espacio" sin necesidad de terminar la amistad o de ofender. Y ese es el problema: por no hablar a tiempo, me lleno de fastidio y luego exploto y daño las relaciones.

En Colombia me pasó varias veces y la gran mayoría de veces rompí con las relaciones de forma completa (cosa que, con algunas personas, me arrepiento hoy en día), aunque a otros les di la oportunidad (y a veces, también me arrepiento hoy en día). Pero allá, por más que las personas fueran y vinieran, yo tenía a mis personitas constantes, entonces no me preocupaba realmente de quedarme sola.

Aquí, sin embargo, es otro rollo. Cuando llegué me dije a mi misma que este cambio iba a ser para explorarme lejos de la influencia de mi zona de confort. Aquí me he llegado a sentir realmente sola, de eso que no hay nadie a tu alrededor con quien puedas compartir y hay que sumar otro aspecto, en muchas ocasiones, cuando tengo problemas, no soy capaz de pedir ayuda, precisamente porque no hay mucha gente en la que confíe. Esto ha sido problemático porque es sólo luego de que me revolqué en la hiel de mis amargos pensamientos (es decir, cuando estoy en realidad hundida) es que se me da por pedir ayuda (hablar con alquien, o llorar)

Sin embargo, esta semana me he dado cuenta que lo triste de la situación de cierta forma ha hecho que me abra más con la gente (contrario a lo que yo creería). A veces el taco emocional es tan grande, que no tengo reparos en abrirme con personas más o menos cercanas, con tal de sacar esa tristeza que me aprisiona (claro que esto no es con todo el mundo, aún en medio de la depresión sigo siendo selectiva), pero veo que el hecho de que muchos de mis conocidos están en el mismo estado en el que yo estoy, hace que compartir estas cosas no sea tan descabellado, porque todos han pasado en mayor o menor medida por lo mismo.

Aquí estoy en una especie de terreno neutro donde todos estamos experimentando los mismos cambios, y me he dado cuenta que puedo compartir esos sentimientos con las personas que me rodean sin necesidad de tener que construir una relación de confianza o familiaridad extrema. Eso me gusta porque, como ya dije, yo tardo mucho en abrirme de verdad a alguien y pues, ayuda a alivianar la carga de estar lejos de casa.

Durante un tiempo pensé que la escritura me podría ayudar, pero luego de algunos problemitas que he tenido con mis escritos, decidí que iba a tratar de minimizar la escritura emocional (en picos de alegría o de tristeza) porque muchas veces sé que soy muy hiriente y a veces es simplemente efecto del calor del momento, pero las palabras escritas ahí permanecen y con ciertas personas que leen esto, es mejor pensarlo dos veces (aunque, por otra parte, estar eligiendo mis palabras con pinzas no era el objetivo de este blog...)

La interacción con las personas no había sido problema para mí hasta llegar aquí, porque yo necesito esa cuota de una persona en quien confíe de verdad, y aquí no tengo a nadie de ese tipo, pero me ha alegrado saber que mis compañeros están en las mismas, que yo no soy la única a quien le pasa y que en muchas ocasiones, no tengo por qué quedarme esperando a que las personas sean maravillosas y mi modelo de amig@... pensar que somos extraños compartiendo las mismas experiencias lo hace de cierta forma más llevadero... y quien sabe, quizás se me quiten las bobadas y prevenciones que tengo tan arraigadas.

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