sábado, 11 de agosto de 2012

India III

Si quieren empezar a leer en orden: India I - India II

Nuestro viaje hacia Nueva Delhi empezó unas semanas atrás con las compras de los tiquetes y la odisea que ya les conté. Luego de eso decidimos comprar tiquetes de avión hasta Calcuta (dos horas y no salió tan costoso como nos habían dicho) y luego irnos en tren desde Delhi hasta Agra. Hasta ese momento sólo teníamos confirmados los tiquetes de vuelta. Quedaban unas cinco horas para llegar a Delhi y no sabíamos si nos confirmarían los tiquetes de Delhi hasta Agra, pero como no podíamos hacer nada hasta llegar, pues entonces nos levantamos, nos organizamos y fuimos al aeropuerto de Calcuta.


 El trayecto fue divertido porque pude apreciar mejor la ciudad sin tanta gente encima y con un clima relativamente decente. Calcuta es una ciudad que se expande rápidamente y eso se puede atestiguar en la cantidad de construcciones que hay en las afueras. Claro que su sistema de andamios sigue siendo un poco precario. 

Esta parte de Calcuta fue la primera que vi cuando llegué, pero el cansancio no me permitió disfrutarla bien. Esta segunda vez pude ver mejor y es mucho más tranquila que el resto de la ciudad. O puede ser porque también íbamos muy temprano. Estas fotos fueron tomadas a las 5am.


(Disculpen la configuración del texto, pero tengo problemas para mover las fotos)











Llegamos al aeropuerto de Calcuta y noté la primera diferencia (de muchas): sólo entra al aeropuerto quien viaja (no permiten acompañantes) porque piden el documento a la entrada y si no apareces en la lista de pasajeros, pues no entras. Todo, absolutamente todo se hace de forma manual, desde el check in hasta la revisión de maletas. Cuando uno pasa a la banda donde se tienen que revisar las maletas y a uno por si lleva cosas de metal se encuentra con otro choque: ¡ésta también es manual! Uno entra una especie de cubículo cerrado con unas cortinas. Adentro hay un podio y, en nuestro caso (por esto de hombres y mujeres entrando por sitios diferentes), una policía femenina que nos revisó. Creo que nunca un policía había tocado tanto. De verdad que se siente bastante invasivo. Casi me sentía en una de esas situaciones de las antiguas cortes donde revisaban a las doncellas para saber si todavía eran vírgenes.... ¡qué impresión!

Después de esta manoseada pasamos a la sala de espera. Como nuestro vuelo salía a las 6am, estábamos despiertas desde las 3am, así que compramos café para mantenernos despiertas mientras subíamos al avión. Aquí tengo que contar otra cosa curiosa, generalmente cuando uno pasa este punto, el tiquete lo revisan en la puerta de embarque y ya luego uno se monta al avión. Pues allá no, nos pidieron tiquete para entrar al pasillo de la sala de embarque, los de la puerta de embarque, un policía antes de subirnos al bus que nos llevaba al avión y un señor antes de subir al avión. ¡Creo que no me sorprendería si también hubiera tenido que mostrarle el tiquete a los del aseo! Por eso es mejor dejar el tiquete en la mano y tenerlo a la mano cuando salgas del avión porque también lo piden a la salida (sí, yo también quedé con cara de ???... no es que sea tan fácil colarse a ese avión.... ¿también registran a los que se bajan?)

El café no tuvo el efecto que deseabamos y después de unas cuantas fotos aéreas de Calcuta y de darnos cuenta que el monzón estaba en todo su esplendor debajo de nuestro avión (no vimos nada de paisaje) nos quedamos dormidas y llegamos a Delhi.


Vista aérea de Calcuta. Río Ganges que al entrar a Bengala se llama Hoogly. Lagos que rodean la ciudad.

Llegamos a una muy hirviente y calurosa Delhi. La primera impresión es que es una ciudad muy urbanizada. El aeropuerto es mucho más bonito que el de Calcuta y mucho más moderno. Aquí tomamos un taxi prepago (la mejor forma que no te engañen tanto) que nos llevó a la estación Nizzamudin. Me cobraron 240 rupias que, según la página Taxi Fare estaba más o menos dentro del rango que cobra un taxi con aire acondicionado.

Salida aeropuerto de Nueva Delhi.

Delhi me recordó mucho a Medellín (quitando la parte del calor abrasador), las grandes avenidas, las paradas de bus, las pistas elevadas y... las motos metiéndose por todas partes. De verdad que son desesperantes. Los auto rickshaws de allá están mucho más organizados y los conductores están uniformados. Como íbamos en un taxi con aire acondicionado, pudimos observar con tranquilidad y comodidad esta parte de la ciudad. El aeropuerto está rodeado de propiedades del ejército, por eso todo edificio que veíamos (hospitales, base aérea, centro de entrenamiento) tenía las palabras "Indian Army".




Llegamos a la estación de tren Hazrat Nizzamuddin, de dónde salía el primer tren. Ya nos había llegado la confirmación, pero no teníamos los tiquetes impresos. Encontramos un puestecito al lado de la entrada de la estación  donde se hacían llamadas e impresiones. Cien rupias después, teníamos la impresión de los tiquetes para ambos viajes ( y sí, fue la impresión más cara de toda nuestra vida).
Entrada de la estación Hazrat Nizzamuddin.

Entrar a una estación de trenes en India es entrar en otro mundo. En Colombia no hay trenes desde hace mucho tiempo, entonces no sé cómo habrán sido en su época (igual creo que cubrían distancias muy pequeñas). Los trenes europeos... bueno... son excelentes, y aunque una que otra estación necesite un poco más de mantenimiento, se caracterizan por su limpieza y orden. Entonces, con este estándar en mente, una estación de trenes en India es sencillamente un caos. Es entrar a la casa de millones de indios y ver sus costumbres en primera fila.

Lo primero que asalta tus sentidos es el olor: un vapor caliente e impresionante mezcla de sudor, basura, deshechos humanos, y ropa sucia.


Puesto así suena horrible (y al principio lo es) pero no es nada comparado con lo que nos esperaba después. Además, después de un rato uno se acostumbra.

Vista desde la sala de espera.

Como faltaba casi hora y media para que llegara nuestro tren, nos fuimos a la "sala de espera" de la estación. Ya conté que los trenes en India tienen una división de vagones entre "sleeper" (la clase más baja), AC (los que tienen aire acondicionado) y primera clase (estos nunca los vi). Las salas de espera también estaban divididas así... con el leve detalle que aunque tenían la división de vagones, era un mismo cuarto grande y caluroso lleno de gente tirada en el piso, sobre sábanas, descalzos, descansando mientras esperaban el próximo tren.

Afuera de la sala de espera.

En India la forma más barata de viajar es en tren, y al ser un país tan grande, ir de un lado a otro es cosa de mínimo uno o dos días (los trenes viajan constantemente tres o cuatro días). Así que mucha gente hace conexiones entre estaciones y aprovechan para bañarse y descansar en las estaciones. Hay baños acondicionados con duchas (y a estas no les tomé foto porque el sólo oler la puerta del baño casi me hace vomitar) y la gente aprovecha para lavar su ropa y ponerla a secar (y la cuelgan en plena sala de espera, por eso digo que es entrar y ver las costumbres de una casa.... multiplicadas por varias)

Señor limpiando el techo de una de las plataformas.

Como yo necesitaba ir al baño urgentemente, y ni loca me iba a meter a ese baño, fuimos a buscar algún puesto de comidas cerca a la estación y encontramos uno al lado. Los baños eran limpios y pudimos encontrar jugos y tortas de naranja que llevamos para el camino. Como allí había aire acondicionado, nos quedamos la hora completa y luego fuimos a la estación a buscar la plataforma y a buscar el vagón.

Volver a la plataforma fue el nuevo mini-infierno porque si el primer encontronazo odorífero había sido fuerte, este no sólo era más fuerte, sino que también incluía el sentido de la vista y del tacto. La cantidad de gente era impresionante y cuando por fin ubicamos nuestra plataforma, nos encontramos que había gente aún más extraña esperando el tren. Vimos un señor en un estado de avanzada desnutrición gateando por la plataforma. Había una señora tirada (espero que durmiendo) que tenía como una especie de tumores en el cuerpo, había niños sentados y rodeados de moscas. Honestamente no fue una visión muy agradable y fue grande la batalla para dejar mi contenido estomacal dentro de mi estómago.


Como mi hermana no me dejó tomarle foto a los personajes anteriores (excepto al señor de la foto de arriba, que me pareció muy curioso y aproveché a tomar foto de rapidez) decidí tomarle foto a la estación en sí. 


Esto fue unos cuantos minutos antes que ese andén se llenara hasta un punto impresionante, y nos empujaran hacia las vías del tren (pues, hacia el borde, no dentro de) y aunque era la única parte con techo, preferimos irnos hacia el sol porque lo que vimos en las vías nos dejó atónitas:


Sí, es caca de humano en las vías (y esta es la versión decente). Y ¿cómo sé que es de humano? pues porque vi a la gente tranquilamente bajarse sus pantalones e ir al baño en la vía (bueno, eso había sido varios minutos antes y pensé que simplemente estaba agachado con esa forma particular que ellos tienen de agacharse). Aunque eso no fue todo, mientras estaba tomando la foto escatológica, logré captar el momento en el que el señor que vende la comida pasaba entre la caca, por los rieles y se subía a la plataforma.


Sobra decir que no quería mirar esas frutas y mucho menos que se nos acercara con los pies sucios (por cierto, iba descalzo).


En ese momento la presión era mucha, el olor, la vista, el calor. Pero nos aguantamos porque ya iba a llegar el tren, y entrar al vagón fue casi que una bendición. De hecho, el vagón no estaba tan mal, y teniendo en cuenta lo que habíamos visto, era muchísimo mejor. El aire acondicionado estaba bien, nuestra litera era más que suficiente para las dos, tenía cortinitas que cerramos para tener privacidad y pudimos tener un viaje tranquilo hacia Agra. Una cosa curiosa fue que antes que el tren saliera (sin anunciar porque allá no se anuncian las paradas ni las salidas) vimos una mano metiéndose entre las cortinas, pero desde abajo del tren, desde el suelo. Cuando abrió la cortina, vimos a un niño de unos 10 años, supremamente sucio y desnutrido pidiendo una moneda. Estaba barriendo el suelo con dos trapos y sacando la basura. Esto fue bastante triste (dejando de lado el susto).


 Camarotes en clase AC-2. 

Cuando el tren empezó a moverse, nos entretuvimos viendo el paisaje y, definitivamente se conoce un país viajando en tren. India es un país de contrastes impresionantes, puedes estar viendo un palacio y al lado un basurero.  Lo que vimos es evidencia de la cultura de la basura de sus habitantes: no existe. La gente vive en los basureros, no cerca de la basura, encima de la basura, rodeados de basura. Es triste ver semejante atraso y pobreza, y entiendo por qué las personas que nunca han visto este tipo de pobreza se asustan tanto. En Medellín hay barrios así, en Colombia hay lugares mucho peores, la gran diferencia con India es que este tipo de demostración es pública y está en TODO el país, en todas las carreteras, en todo el campo. La pobreza es grandísima y es publicitada, en Colombia, tristemente, se esconde.







Estas son algunas de las imágenes que tomé mientras íbamos en el tren. La gente usa las vías del tren como paso peatonal y sin mucha precaución. Hasta vimos vacas en las vías, lo que explicaría ciertos accidentes.

El caso fue que llegamos a Agra a una estación mucho más pequeña y sólo fue pisar la plataforma cuando un señor se nos acercó y nos dijo que los taxis de los turistas estaban en tal parte. Yo lo miré con cara de "¿pero cómo sabe que somos turistas?" y le dije que gracias, que yo lo buscaba sola. El caso es que se nos pegó hasta que di con la cabina, y resulta que no era que él nos quisiera seguir sino que ellos van a buscar gente a las plataformas y los llevan hasta la cabina para ganarse  la carrera. Aquí tengo que decir que, después de leer todas las historias sobre timos y robos que hacen los indios a los turistas, estaba un poco asustada, no porque nos fueran a hacer daño, sino porque no quería que me vieran como la turista tonta (o me robaran jejeje). Quería demostrar seguridad, confianza, pero sin parecer grosera.... no fue tan fácil....

Estación Agra Cantt.

Al fin pagué la carrera y el señor nos llevó al hotel, no sin antes hablarnos de los tipos de excursiones que realizaba y... aquí tengo que agradecerle a mi hermana que por lo menos tiene mucho más sentido común que yo... casi caigo y termino diciéndole que sí, que le compraba el paquete turístico que nos ofrecían. Ahí también me di cuenta que a mi me enredan muy fácil cuando se trata de transacciones de negocios. Sin embargo, tuve un problema en el hotel porque con ellos sí que pedí un paquete turístico con el que tuve un problema de marca mayor.

El hotel se llama Taj Resorts y  tengo que concederle que tenía todo lo que su propaganda ostentaba: quedaba cerca a la entrada este del Taj Mahal,  tenía vista de la cúpula del Taj Mahal (esto, supongo, fue en otras épocas, a nosotras nos tapaba la construcción de otro edificio) buenas instalaciones, una terraza hermosa donde cenar escuchando música india en vivo y una vista de las cúpulas del Taj. La atención fue buena y por ese lado no me quejo (excepto quizás por que el wifi era malísimo y la luz se fue varias veces). Sin embargo, no recomiendo a nadie tomar los tales planes turísticos porque después de organizar un día para visitar templos y demás, me salen con el chiste que sólo había alquilado el carro y no había pagado las entradas a los templos. Eso lo cuento con más detalle en el próximo post.

                                                                     Inmejorable vista desde nuestra habitación.

Ese día que llegamos, subimos a la terraza a cenar y nos fuimos a dormir para descansar porque al otro día teníamos que estar levantadas desde temprano para comprar el tiquete e ir al Taj sin tener que hacer mucha fila. 

Música en vivo. Señor tocando la cítara.

1 comentario:

  1. Q buen relato Kathe. Yo definitivament no sé si sería capaz de ir por esos lares.

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