sábado, 2 de octubre de 2010

Sobre la depresión



No hay nada peor que andar deprimido. Todo se ve negro, el mundo se te viene encima, no ves nada más allá de tu dolor y tu tristeza y la peor parte es que uno no sabe qué hacer para animarse.

Yo me deprimo fácilmente, por todo. El hecho de ser mujer no colabora, porque nosotras mensualmente nos vemos sometidas a una variación hormonal que nos puede poner eufóricas o nos puede tirar a la lona. Muchas de nosotras, que sufrimos desórdenes hormonales, vivimos estos episodios con una intensidad mucho mayor, sea por causas naturales o causas externas a las que se le suman causas naturales.

Este año me ha tocado sufrir varios episodios depresivos, y últimamente me ha tocado servirle de apoyo a amigas que han experimentado este tipo de depresiones. Sea por fin de relaciones amorosas, cambio de situaciones o simplemente dudas existenciales he estado allí para ayudarlas y he visto que cada quien tiene su modo de lidiar con la depresión (no pues… descubrí que el agua caliente moja…) sin embargo, hay unos cuantos puntos generales que ayudan en mayor o menor medida.

Una depresión se puede dar por varias razones, sean hormonales o externas. Una mala noticia, una pelea, la mala interacción con otras personas o simplemente la sucesión de varias cosas pequeñas hace que de repente nos sintamos agobiados, de ánimo decaído, sin fuerzas ni ganas de hacer nada. A esto se suma un creciente estado de desesperación, unas ganas constantes de llorar y pensamientos cada vez más negativos (obviamente estoy describiendo casos generales, puede que en algunas personas actúe de forma diferente).

¿Cómo hace uno para salir de ese estado sin ponerse en peligro, sin medicarse y en general bien librado? Yo he descubierto que cuando me deprimo paso por unas ciertas etapas o un cierto ciclo “depresivo”.

La primera etapa es la depresión en sí, cuando todo lo veo negro, cuando el mundo se me viene encima y cuando siento que todo el cuerpo lo tengo débil y no siento ganas ni de respirar (menos mal esta es inherente al ser humano).

Luego viene un momento de “desesperación”, dónde me empiezo a cuestionar el porqué de mi actual situación, donde pronostico que me voy a quedar así para toda la vida (… todos somos exagerados cuando andamos negativos…) y como consecuencia de esto viene el momento de golpe.

El golpe es el momento en que sigo sintiéndome mal pero empiezo a pensar en qué me entretengo para dejar de pensar cosas malas (y yo creo firmemente en eso del “secreto”, que lo que uno habla e imagina, lo materializa) y es aquí cuando empieza la etapa de planeación.

La etapa de planeación es el momento en el cual empiezo a hacer una lista (mental) de qué puedo hacer, a corto, mediano y largo plazo. Cuando salí de la universidad, estaba bastante asustada porque no sabía que quería hacer, sin embargo, organizar mi hoja de vida, ponerla en los buscadores virtuales, hacerme auto-propaganda fueron las herramientas que utilicé como resultado de la “planeación”. Aclaro aquí que aunque estaba bastante ansiosa, sé que mi ansiedad era manejable, porque sabía que no me tenía que preocupar por pagar un arriendo, o pagar mi propia comida o porque alguien dependía de mí y si no me movía esa persona se vería afectada. Podía sentarme todo el día en el pc y “manejar” mi ansiedad (cada caso es diferente y sólo hablo de lo que conozco).

En alguna parte de este proceso, hay una etapa transversal que denomino el duelo. No recuerdo dónde leí o quién fue el que dijo que la tristeza era buena. Permitirse estar triste es necesario para luego apreciar la alegría. Empecé a aplicar esto a mi vida y descubrí que sí funciona. En esta etapa del duelo me permito sentirme triste, enojada, angustiada… pero sólo por un tiempo determinado, me permito “gozarme” ese sentimiento, me permito llorar (casi siempre en un lugar que pueda estar sola porque no me gusta que me vean llorando) y me permito dejar fluir toda esa tristeza. Entonces, la presión va bajando y luego me siento más tranquila.

Aquí aplico algo que un profesor (ex-alcohólico) nos enseñó algún día: la frase “sólo por hoy”. Generalmente me doy un día para sentirme triste, para sentirme angustiada, para dejar que el mundo (mi mundo) me aplaste. Y también la aplico cuando me siento un poco más fuerte: sólo por hoy voy a sonreírle a quien me cae mal, sólo por hoy no me voy a quejar porque no he encontrado lo que quiero, sólo por hoy no voy a sentirme mal porque no obtuve lo que quería.

Generalmente después de que empiezo a aplicar la frase “sólo por hoy” me empiezo a sentir mejor, porque mi mente la divido en objetivos más cortos y alcanzables. Eso me da un tiempo de unas 10 o 12 horas para hacer lo que necesito, en vez de agobiarme con metas que requieren mayor tiempo.

En términos generales ese es mi proceso depresivo. Y esa es la forma que yo tengo de salir del mismo. Durante una época de depresión yo tiendo a retraerme y a no querer socializar en extremo. Recomiendan lo contrario, pero eso sólo lo puedo hacer cuando ya tengo un plan de acción, es decir, cuando me siento un poquito más fuerte.

Esto lo escribo hoy porque tengo el ánimo alto (una depresión mía seguro me haría escribir una profecía peor que apocalíptica), porque quiero compartir mi experiencia y porque quiero dejarlo como recordatorio para mí misma, para repetirme ahora por escrito lo que debo (y no debo) hacer, para recordarme que mi organismo tiene un proceso para salir de una depre maluca. Lo más importante siempre es tener en cuenta que es la actitud la que todo lo puede y que es simplemente otra etapa de la vida, que es algo que no va a durar para siempre y que es una forma que tenemos de apreciar la naturaleza humana en todo su esplendor.

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