viernes, 24 de septiembre de 2010

Interprete, profesional en idiomas y en ¿ética?



Hablar de interpretación me trae a la cabeza el póster de la película The Godfather, con las manos del titiritero moviendo a su antojo la vida de los demás. Así es un poco la vida de los intérpretes, tenemos en nuestras manos el destino de dos personas, de una situación, de una solución o un empeoramiento de un posible problema.

Me ha pasado algo muy curioso en el trabajo: cuando estoy interpretando en alguna reunión o conferencia tengo que estar muy pendiente de la terminología, del sentido, del contexto; lo normal para todo trabajo traductivo (interpretativo en este caso).

En ese campo todo va bien, sin embargo, últimamente he sentido un elemento agregado que, aunque he leído sobre ello y sé que se presenta, hasta ahora apenas he venido a ser consciente del mismo y a reflexionar sobre él: la interpretación en momentos estresantes.

En esta época en mi trabajo se están entregando las soluciones finales de ciertos proyectos, y se está haciendo una especie de acoplamiento. Los equipos que dirigen el acoplamiento pertenecen a tres países diferentes, ergo, son tres culturas y tres lenguajes muy diferentes.

En mi posición de traductora no hay problema, los textos son muy técnicos y la terminología es más o menos universal. El problema me ha surgido en mi papel de intérprete. El equipo de Colombia es el que les hace frente a los clientes, es el que da la cara por toda la empresa, por así decirlo, y los otros dos quipos son una especie de apoyo. El problema surge cuando esos dos equipos de apoyo no quieren someterse a la forma de trabajar de los colombianos, y digo “someterse” porque hay una especie de pelea de poderes. Pero ese es otro tema.

Esto causa que haya roces continuos entre los integrantes del equipo, y cómo hablan idiomas diferentes, yo tengo que estar presente en esas reuniones y ya va más de un madrazo el que me ha tocado escuchar (no contra mí, entre ellos).

Muchos me han preguntado qué como hago yo cuando las dos partes se ponen a pelear, y la verdad, es una pregunta difícil de responder porque eso depende mucho del contexto de la pelea. He tenido peleas entre ingeniero y cliente por alguna tontería (porque si se analizan bien, las cosas verdaderamente graves no generan peleas, siempre se pelean por tonterías) y en ese caso lo que hice fue no traducir las palabras alzaditas de tono que empleaba el cliente, ni los sarcasmos medio hirientes del ingeniero. La parte buena fue que como ambos se tiraban con una sonrisa en la boca, fue más fácil para mí envolatar las groserías porque la parte corporal no estaba tan marcada (y tiempo después me di cuenta que evité una trifulca mayor porque esas dos personas en particular no se la llevaban).

También me tocó otra pelea en medio de una situación ya de por sí estresante, con dos partes que estaban cansadas pues habían pasado la noche derecho, estaban presionadas por un proyecto que debían entregar, y ninguno de los dos estaba muy complaciente qué dijéramos. Aquí el problema fue que las actitudes corporales no me permitieron envolatar la situación, ambos sabían que se estaban diciendo palabras fuertes, pero yo me limité a traducir la parte concreta “Necesita que hagas esto así y así” – “El problema es que esto así y así no se puede”, sin embargo la tensión estaba presente en el aire y yo sabía que estaba en una situación bastante delicada. Una palabra de más, una entonación equivocada y estallaba la guerra.

Otras peleas que he presenciado han sido menos fuertes, pero igual de delicadas las situaciones. Personas con mayor rango que tienden a querer dominar a personas de menor rango, personas de menor rango que quieren darle una lección a quien los quiere dominar, honorables personas de menor y mayor rango que sólo quieren indisponer etc.

Hasta el momento creo que me ha ayudado mucho mantenerme neutra, enfocarme sólo en el núcleo de la conversación y no tomar partido. Sin embargo, últimamente se está presentando una situación un poco más comprometedora.

El hecho de que estos tres grupos no se entienda tan bien es algo que ya se ha discutido y siempre se queda en que se va a mejorar, pero las mejoras no se ven. Uno de los líderes de uno de los proyectos me pidió ayuda al momento de traducirles las directrices a uno de los grupos en particular. Me pide que trate de hacerles entender que no es que ellos desconfíen de su trabajo ni que ellos lo hagan mal, sino que el cliente quiere que el trabajo se haga de una cierta forma.

Por una parte tiene razón, sé que la única manera de ellos sobrevivir es adaptarse a los requerimientos del cliente (que son bastante caprichosos en ciertos aspectos) y que la mejor manera es aprovechar el conocimiento que tienen algunos, lo cual significa modificar hasta cierta parte la forma de trabajar del otro equipo.

Por otra parte, lo que alega el otro equipo es que los procedimientos existen por una razón, y es el cliente el que contrató un cierto estilo de trabajo y deben respetarlo (lo cual también es verdad).

Esto me deja entonces en una posición aún más delicada, porque ambas partes me piden que haga entender a la otra sobre sus propias razones. Y aunque profesionalmente debo mantenerme completamente neutra (y de hecho lo hago), es difícil porque mi mente siempre apunta para la mejor forma de solucionar los problemas y cuando veo que alguien se enfrasca en una tema por puro y simple capricho, me empieza a enojar.

Yo sé que a veces no son caprichos sino que son formas de trabajo y aspectos culturales íntimamente arraigados en la personalidad. Sin embargo, mi mente también me dice que a donde fueres, haz lo que vieres, más si estamos hablando de que mi cliente quiere que las cosas se hagan de cierta forma (aunque no estoy 100% de acuerdo con eso de que el cliente siempre tiene la razón, porque la verdad es que como clientes, casi nunca la tenemos… por algo buscamos asesoría y pagamos por ella).

El problema de mantenerme neutra es que entonces estoy permitiendo que dos personas no se puedan entender (y, por qué no, hasta pelear, porque en las peleas a veces se llega a buenas conclusiones) pero si me meto a darle prioridad a alguien, puedo terminar en un lío aún peor.

El dilema que se me presenta es entonces de índole ético: ¿debo seguir siendo completamente neutra o debo tomar partido?... ese es el cáliz sagrado de la interpretación, y en realidad es muy difícil cuando uno se encuentra en medio (literalmente) de la pelea; porque no me gustan las peleas, y porque tampoco me interesa propiciarlas.

Profesionalmente la neutralidad es la ley, pero cuando en tus manos tienes la posibilidad de cambiar una forma de pensar, de ayudar a dos mundos a entenderse ¿sería irresponsable hacer uso de ese poder?

Sé que hasta el momento mi neutralidad me ha ayudado a salir invicta de dichos encuentros; sin embargo, me pregunto si aportar mi pequeño granito de arena, mi pequeño intento de conciliar estos dos mundos traerá más mal que bien.

2 comentarios:

  1. en mi opinión, mejor q sigas neutal. Abrazos.

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  2. Si te sales de tu papel, de interpretar y traducir lo que las personas que te contratan dicen, ninguna de las partes lo aceptara y antes o despues saldras perjudicada. ¡Mantente profesional y neutra, aunque a veces te cueste!
    Animo y un saludo

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