viernes, 1 de junio de 2012

Del Barça y otros demonios...

Como bien dice el viejo y conocido refrán: al que no quiere caldo le dan dos tazas... a mí me pasa eso en materia futbolística.

En general no soy muy fanática de los deportes (lo cual se atestigua en mis cuantos kilos de más ganados esta temporada... aparte de los que ya traía... jejeje sí, ¡estoy como una vaca!) y mucho menos soy fanática de ver deportes por TV ni tengo obsesión por algún deporte, deportista y/o equipo. De hecho, el único evento deportivo que me gusta es (jejeje curiosamente) el mundial de fútbol, pero porque es el mundo unido en un evento, y es una puesta en escena que evidencia el trabajo de años... además es sólo una vez cada cuatro años, entonces uno no se siente abrumado.

Es una realidad que el fútbol ha dominado las mentes humanas de forma impresionante los últimos años. En Colombia se mueren por los equipos (figurada y, en ocasiones, literalmente) y la denominada "pasión por el fútbol" ha sido una constante en la vida diaria de los colombianos. Ya en Medellín hay que aguantar la rivalidad de los equipos locales (El verde Nacional y el rojo Medellín) cuya pelea llega hasta el punto de hacer daño a las personas que se vistan con la camiseta del equipo contrario, incluso ropa con el color del equipo contrario. Tenemos la misma historia entre Millonarios- Santafé, los equipos de la capital, el Cali-America (o algo así) y todo equipo que se respete debe tener su contrincante, avivando los sentimientos de pertenencia de la gente y... creo yo... sacando sus frustraciones en el estadio (obviamente no me refiero a todo el mundo, de hecho ni siquiera me refiero a la gran mayoría, son los tres o cuatro desadaptados que siempre dañan los eventos).

El caso es que a mí me estresaba cuando había partidos importantes (clásicos) porque la ciudad se movilizaba en torno a dicho evento. Que la venta (y reventa) de los tiquetes, que los bares se preparan para ofrecer el partido en pantalla grande, que todo se pone más caro, que hay medidas especiales en el metro (que era mi sistema de transporte), que ojo con la ropa que te vas a poner (no vaya y pase como el día que iba vestida de rojo y me metí en un vagón lleno de hinchas del nacional... que es verde...), que esta calle está bloqueada con policías para que cuando se termine el partido no vayan a hacer destrozos, que la pólvora....

Pues, resulta que mi martirio no acabó cuando viaje y, como para hacerle justicia a la ironía, vengo a vivir en la ciudad cuna del equipo del momento: el Barça. Y si ya de por sí los catalanes tienen su orgullo nacionalista inflado ¡se infla el doble cuando se trata del Barça!

Oh sí, porque el Barça no es sólo un buen equipo de fútbol... es el mejor porque ganó la copa europea de no se qué cosa, porque son maestros de la pelota, porque ver jugar al Barça es uno de los mayores placeres de la vida, porque ser hincha del Barça es ser un erudito del fútbol, porque ese equipo sigue unos parámetros de entrenamiento que ningún otro, porque sus directivos si saben invertir el dinero... y todas las alabanzas posibles desde el ángulo que se pregunte.

Está bien, que es un buen equipo no lo niega nadie (me imagino que si no fuera bueno no tendría tantos seguidores), pero, hombre, tampoco hay que exagerar.

Desde que estoy aquí he visto jugar copa tras copa, torneo trás torneo y los hinchas lo viven con una pasión un poco desmesurada. Se sufre, se siente, se vive (y yo que pensaba que eso sólo pasaba allá en mi tierra). La última copa ganada fue la del rey (o algo así) y Barcelona se dedicó a celebrar el triunfo de su equipo.

El viernes justamente, fue cuando ganaron dicha copa.. y yo justo estaba en Barcelona esa noche aprendiendo bailes típicos españoles. Estaba con algunos amigos y ellos tan hermosos, (y bueno, no los puedo culpar porque no sabían de mi fobia a las multitudes) propusieron ir a ver la celebración del partido (de la copa).

No creo alguien pueda imaginar el pavor que yo le tengo a un grupo de más de cien personas, con distintivos y bajo los efectos del alcohol. Yo no voy a conociertos por esa razón, ni voy a marchas, ni mucho menos voy a partidos. La feria de las flores la he soportado porque voy con un grupo grande y porque voy en el día. Cuando llega el momento de ir a bailar, prefiero ir a un lugar más pequeño y con menos gente. Si toca bailar en la calle, busco el lugar más estratégico posible: cerca de los baños y de las salidas.

Ese día estaban los hinchas del Barça (que no se caracterizan por ser propiamente los más educados) brincando en la rambla, montados en las farolas y tirando pólvora. Mis amigos se querían acercar, y yo tratando de no parecer muy asustada, los seguía. Nos acercamos lo suficiente para que ellos vieran y para que a mi no me diera un ataque cardíaco (y para poder salir corriendo en caso de alguna eventualidad) y ahí nos quedamos un rato, viendo a la gente gritar y tomar fotos. en algún punto hicieron una especie de castillo de pólvora, y yo casi con un pie en el tren les pedí que nos fuéramos.

Ellos me decían que no iba a pasar nada, que esas celebraciones eran muy seguras, pero creo que mi cara de susto los convenció que por lo menos nos alejáramos un poco más. Nos fuimos hasta el otro extremo de la Plaza Catalunya y nos sentamos en un banco. Ahí hablamos un rato, pero a mi no se me bajaba el susto. Ellos estaba diciendo si había posibilidad que trajeran la copa y que la gente celeberara ahí en la plaza, y que, de ser así, se quedaban. Yo lo tenía muy claro: si eso pasaba, así fuera caminando me iba!

Lo chistoso vino después cuando seguíamos hablando y sentimos un disparo de pólvora, vimos la luz de la bengala que subía y alguien gritó "viene hacia nosotros". Mi reacción a la pólvora siempre es quedarme quieta, cerrar los ojos y esperar al estallido... mientras estaba en esa posición (y viendo que el tiempo pasaba y nada de estallido) abrí los ojos... y el espectáculo todavía me da risa: todos mis amigos estaban corriendo como ratones enloquecidos tratando que no les cayera la bengala encima (bengala que, por cierto, en ningún momento venía hacia nosotros). Al final terminamos todos debajo de una parada de bus, con risa nerviosa y mirando hacia arriba. Creo que cualquiera que nos haya visto diría que estábamos bajo la influencia de LSD o algo así.

Ahí me di cuenta que ellos también estaban un poco nerviosos (no tanto como yo, pero seguro que tenían susto) y fue cuando ya decidimos ir a la parada del bus. Como esa noche no iban a venir los jugadores con la copa, pues nos fuimos para la casa.

Al otro día fue la celebración oficial en el Camp Nou, pero ni loca que iba. Aqui en la casa hubo fiesta del Barça (repeticiones de partidos todo el día y la fiesta televisada) con gritos de gol incluídos y vestimentas del Barça (el señor y el nietecito con su uniforme oficial). Mi hermana casi muere infartada que porque yo no etaba aprovechando semejante oportunidad (a ella sí le gusta el fútbol) pero creo que es de esas cosas de "intercambio cultural" que prefiero no experimentar.

Esta semana ha estado tranquilo el tema del Barça. Espero que no jueguen campeonatos por lo menos hasta septiembre que ya no esté aquí. Pero creo que no me libro del fútbol... el equipo de Wolverhampton es igual (o peor) de popular entre la gente y ellos son fieles a su equipo.... y en este caso no aplica lo de "si no puedes con tu enemigo, únetele".... ¡será seguir aguantando!

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