viernes, 1 de junio de 2012

Victoria III

Victoria I
Victoria II

Fueron duros esos años, volver a empezar desde cero, en un pueblo que ya conocía, pero donde era difícil volver a salir adelante. Sin embargo Victoria no se quejaba, continuaba poniéndole buena cara a su vida. De noche lloraba en silencio, pero sólo para desahogarse. Nunca se compadeció de si misma. Sabía que su lema "para adelante es para allá" la llevaría a conocer nuevos horizontes. Y también sabía que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Con este mantra de esperanza se levantaba Victoria cada mañana a buscar el trabajo que fuera, para mantenerse a si misma y a su hijo puesto que su hija mayor quedó en su ciudad natal a cargo de la abuela paterna.

Victoria siempre tuvo en mente que sus hijos debían estudiar, capacitarse y ser independientes. Eso la motivaba para enfrentar todas las viscicitudes que se le presentaban. Un tiempo después, el papá de Victoria la fue a visitar a la capital. El señor era adicto al juego, y ya había llegado a la etapa donde metnía y engañaba para costear su vicio. Bastantes malas pasadas le hizo a Victoria, mintiendo para que ella le diera algo de plata, plata que él invertía en casinos y juegos.

Poco tiempo después el papá de victoria murió y ella regresó a su ciudad natal, a hacerse cargo de los bienes que su padre había dejado.

A pesar de ser familia pudiente, a la muerte del señor quedaron varias deudas por pagar. La repartición de los bienes se hizo de forma equitativa y Victoria se convirtió en la guardiana del bien más preciado de todos, la casa paterna que ahora ella dividió y dio parte a sus hermanos.

A pesar que fue un final tranquilo, distaba mucho de ser feliz. Regresar a su tierra natal, por tercera vez, no le hizo mucha gracia a su exmarido. Y Victoria ya estaba francamente enojada con él y con toda la familia de él, porque eran unos mentirosos, irresponsables y no querían reconocer que el hijo tenía una responsabilidad con ella: dos hijos que necesitaban un apoyo económico.

Victoria decidió entonces iniciar querella legal contra el papá de sus hijos. Sin embargo, el señor buscó abogados corruptos que lograron librarlo de buena parte de las deudas. Poco después el exmarido diría que ella intenta acosarlo y lo amenaza con cárcel. Por eso él no puede trabajar y pagar lo que debe. Victoria sólo lo escucha y se ríe: el que es mediocre, es mediocre.

A pesar que Victoria no ganó, porque en un país donde prima la corrupción antes que los actos nobles y justos, ella continuó sola, con sus hijos. Dándoles todo su apoyo.

Los hijos crecieron, fueron a la universidad. Hoy una de ellas es profesional, tiene su hogar y es a su mamá a quien acude cuando necesita apoyo. Victoria sigue ahí, apoyando a su hija, apoyando a su hijo. Como un fuerte roble en la tormenta, nadie la tumba, nadie la quita de su puesto.

Son estas las mujeres que deben aparecer en revistas, son estas las historias de vida que nos deben enseñar que todo es posible perseverando y confiando en nosotras mismas.

Victoria, como su mismo nombre, sigue triunfando y conquistando.

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