sábado, 3 de abril de 2010

Victoria

Las personas fuertes, a quienes la adversidad les da un motivo para aprender, quienes siempre enfrentan la vida con alegría y esperanza y su lema es "Para adelante siempre" no son inventos de los cuentos de hadas ni de los libros de auto superación. Estas son personas reales y son mucho más numerosas de lo que uno cree.

Mis padres por ejemplo, ambos son de la costa, y decidieron venir a Medellín (en su tiempo una tierra fría y hostil, azotada por la violencia) para darnos a nosotras una mejor calidad de vida de la que habríamos tenido de habernos quedado allá. Mi mamá vino embarazada, sola (porque mi papá y yo llegábamos después) y en ese estado se enfrentó a mucha gente prejuiciosa y amargada que la rechazaban y tildaban por no ser una de los suyos (los famosos prejuicios regionales, los costeños son vagos y perezosos, los paisas son sicarios y asesinos, los caleños son traquetos, los bogotanos son estirados y tontos). Pero mi mamá con su ejemplo y su trabajo logró posicionarse y hacerse valer, no sólo conquistó a sus alumnos (superando las barreras culturales que existen incluso en un mismo país) sino que se convirtió en ejemplo para sus colegas y superiores.

Mi papá, cuando llegó a Medellín trabajó en algo totalmente diferente a lo que se había preparado y a lo que había trabajado toda su vida, pero, a pesar de portar la marca de ser "extranjero", su tenacidad e inteligencia hicieron que pronto construyera con sus propias manos una empresa fructífera que inició un gran mercado en la ciudad. Hoy en día es muy respetado en su medio, y ha legado su conocimiento a varias generaciones.

Como ellos son varios los casos que he conocido, de personas que se impusieron frente a las adversidades, ya sea por venir de otros lugares o por "deficiencias" propias, que se impusieron frente a los prejuicios y lucharon para posicionarse y ser ejemplo. Sé de muchas mujeres que se sobrepusieron a los prejuicios sociales y criaron hijos solas (aunque hoy en día ya como que está de moda), conozco personas que llevaban una vida díscola (prostitución, alcoholismo, sicariato), o estaban envueltos en relaciones altamente destructivas pero, de una u otra forma, rehicieron sus vidas, se dieron una oportunidad a sí mismos y hoy en día no sólo están contentos, sino que enseñan con su ejemplo para evitarnos a muchos los mismos dolores y tribulaciones que ellos vivieron.

Sin embargo, hace poco escuché una historia que me impactó por su profundidad y crudeza. Su protagonista no sólo tuvo que hacerle frente a un sinnúmero de adversidades personales, sino que a eso se le sumó un matrimonio destruido, la pérdida de bienes materiales cuantiosos (varias veces) y las humillaciones que todo esto conllevó. Pero lo más impactante de la historia, es que ella nunca perdió su norte, su sentido del humor y la certeza de que por más piedras que la vida pusiera en su camino, su trabajo la sacaría adelante a ella y a su familia.

Victoria vivió su juventud rodeada de riqueza, el negocio de su padre iba de maravilla y ella era una de las hijas consentidas de la familia. Sin embargo a pesar de la riqueza que la rodeaba ella se sentía sola. Su familia era familia de póster: figurines que pintaban acorde la sociedad en la que vivían. La calidez de una madre, el acompañamiento y apoyo de un padre, la complicidad entre hermanos... eran simples historias y sentimientos que Victoria anhelaba para sí.

Cuando Victoria entró a estudiar en la Universidad conoció a un muchacho simpático, buen mozo, agradable y extrovertido. Se enamoró perdidamente de él y su vida la dedicó a prodigarle la felicidad de la cual ella misma había carecido. La familia del muchacho la adoptó gustosamente y en ellos ella encontró el amor y calidez que tanto añoraba. Sin embargo, lo que Victoria no sabía es que la adopción por parte de algunos miembros de su familia política no era tanto por amor filial, sino por interés a su solvencia económica y a las posibles conexiones que eso les traería.

Victoria vivió feliz con su familia adoptiva, salía con su novio, rumbeaba con sus cuñados, planeaba con sus suegros como sería la vida futura. Pero los padres de ella no estaban muy contentos con la elección de su novio. El padre de Victoria sabía que el novio de ella era un vividor, pero intervino de forma agresiva con su hija, alejándola en vez de acercarla a hablar y llevándola a un ataque de rebeldía en el que ella decidió casarse con él. Su padre, viendo que ya nada podía hacer, decidió regalarle un apartamento de "soltera" y su propio carro con las siguientes palabras: "aquí está mi regalo para ti, para que tengas algo con lo que sobrevivir luego que te des cuenta el error que cometiste".

Victoria ignoró a su padre y a toda su familia que le advertían que no se casara con él, ella creía que lo discriminaban por no contar con su mismo estatus social, y estaba decidida a hacerles cambiar de opinión, a mostrarles el verdadero hombre que ella veía. Su familia lo consideraba agresivo y malgeniado, pero Victoria creía que esa era la forma natural de él defenderse frente a la descortesía de su familia, y frente a eso ella se rebeló. En su corazón, ella lo amaba y era feliz con él, eso era lo único que importaba.

Su matrimonio empezó como todos los demás, con muchas ilusiones y sueños... de parte de ella. Se fueron a vivir al apartamento de Victoria, trabajaban durante el día y visitaban a su familia política en la noche. En esta época se manifestaron los primeros indicios del hombre que había detrás del que Victoria había idealizado, el esposo se enojaba por pequeñeces, la trataba con rudeza y de forma muy sutil empezó a desquitarse con Victoria por las humillaciones que la familia de ella le había hecho a él.

Un tiempo después Victoria quedó embarazada y la bebé nació prematura, por esta razón las visitas a la casa de la suegra se volvieron más frecuentes. Aunque Victoria había contratado una enfermera para su hija, su familia política la convenció que era mejor el cuidado de ellos (además de que iba a ser gratis) y Victoria aceptó.

A pesar del comportamiento de su marido, Victoria aceptaba todo lo que su familia política le dijera: ellos le habían brindado un hogar, una figura que ella nunca había vivido. Victoria vivía y respiraba por ellos, trabajaba para ayudarles a todos, ellos eran ahora su familia. Por esta razón aceptó a irse a vivir con sus suegros, en la casa de éstos, dispuesta a formar una familia que no discriminara por estatus social, color de piel y los tantos otros prejuicios que las personas prestantes a veces utilizan para etiquetar a quien no esté en su mismo ambiente.

Las cosas fueron bien durante un tiempo, pero como el esposo de Victoria no se había graduado, empezó a tener problemas para encontrar trabajo. En vista de este inconveniente y para evitarle la molestia de realizar los trámites burocráticos, Victoria le instaló un laboratorio para que él lo dirigiera y así pudiera empezar su propio negocio. Sin embargo, luego de un tiempo Victoria empezó a notar que el esposo casi no le hablaba del trabajo, y cuando ella lo mencionaba, recibía un grito, una mala palabra o simplemente la ignoraba.

Victoria era trabajadora social y en el ejercicio de su profesión había trabajado con personas con problemas, mujeres maltratadas y hogares destruidos, pero nunca pensó que eso le podría pasar a ella. Sin embargo el maltrato que una persona puede recibir no es sólo físico, también existe el maltrato verbal, las humillaciones y todo lo que una esposa puede soportar a manos de su esposo en la intimidad.
A pesar de que los demás lo veían y se lo recriminaban, Victoria seguía aferrada a su ideal de mantener una familia, ella sabía que las parejas pasan por momentos difíciles, todos tienen sus altibajos, eso es lo que hace que una relación madure, y ella estaba dispuesta a aceptarlo todo con tal de tener el hogar que a ella le fue negado.

Pasados unos cuantos meses, el hermano del esposo de Victoria se casó y como ella siempre había tenido buena relación con él, les ofreció su apartamento para vivir. Ambas parejas vivieron un tiempo en ese gran apartamento. Vivían tranquilos, sin influencia de los suegros de Victoria, aunque esta influencia no tardaría en llegar. La suegra y cuñadas de Victoria, viendo que perdían la chequera personal que ella representaba, empezaron a contar chismes y a indisponer a las parejas, ocasionando que el cuñado de Victoria y su esposa se mudaran de ahí. A Victoria le dolió mucho porque durante ese tiempo su marido había cambiado, parecía más maduro, dispuesto a formar la familia que ella añoraba, porque lejos de su madre él era otra persona. Pero el volvió a su dependencia maternal, arrastrando a Victoria con él, porque ella no quería causar problemas.

El esposo de Victoria pasaba los días en el laboratorio, pero no precisamente trabajando; empezó a llevar allí a sus amigos, amigas y, en lo último, a vender los objetos del laboratorio para patrocinarse sus fiestas. Mientras tanto Victoria trabajaba para pagar las cuentas, los utensilios de su hija, los caprichos de su suegra y cuñadas y las miles de cosas que necesita un hogar.
Un día a Victoria le empezaron a llegar rumores que su esposo se la pasaba con una mujer, una ayudante del laboratorio. Victoria cansada de las intrigas, decidió confrontarlo, descubriendo la triste realidad, su esposo había malgastado las ganancias del laboratorio y lo que había sobrado se lo había regalado a su amante que ahora se erigía como dueña y señora del mismo y una vez que Victoria vio a dicha dama, le pidió que le devolviera su laboratorio, a lo que ella contestó: "ese laboratorio es mío, yo me lo gané en la cama".

Victoria empezó a pensar y a evaluar qué era lo que pasaba en su matrimonio. Su esposo, antes un hombre cariñoso, ahora parecía haberse vuelto un ser completamente violento, irascible y amargado. Por todo le gritaba, la humillaba, la hacía sentir menos que él. La celaba con todos los hombres, con sus compañeros de trabajo, con sus cuñados y hasta con su suegro. Una vez formó un espectáculo en la empresa donde Victoria trabajaba, gritándole que era una prostituta, que era una vagabunda; no contento con ello, desarmó al guardia de seguridad y amenazó con pistola a todo el que se acercara. Aunque humillada y avergonzada al momento de presentar su renuncia, Victoria sólo podía pensar que su hija se encontraba en el carro, a menos de dos metros de donde su padre hacía el espectáculo, y que (¡ni Dios lo quisiera!) hubiera podido salir lastimada en caso de que algo más trágico hubiera ocurrido.

Victoria había sido humillada y estaba muy enojada, pero cuando su marido se disculpó con ella, decidió darle otra oportunidad: quizás era ella la que tenía que mejorar... ser mejor esposa, mejor madre... así las cosas sí podrían funcionar.

Aunque en sus planes no estaba tener otro bebe, Victoria quedó embarazada y cuando supo que iba a ser un varón, sus esperanzas renacieron: "quizás un varón lo haga cambiar, un hombrecito en la casa hará que se vuelva más cariñoso y cómplice de él".

Victoria tuvo un embarazo difícil porque su marido, que seguía sin trabajar, tampoco la apoyaba. Ella tuvo que ir a los controles médicos sola, tuvo que buscar otro trabajo para poder pagar los gastos y aunque era difícil, en su corazón ella creía que todo ese esfuerzo iba a dar sus frutos cuando naciera su hijo.

El hijo nació y las cosas estuvieron bien otra vez, pero sólo superficialmente. El esposo de Victoria no era un hombre fácil de llevar, la extrema dependencia hacia su madre, su pereza extrema para trabajar, su falta de ideales y su violencia latente que brotaba por la razón más mínima lo hacían un hombre vulnerable y peligroso. Victoria volvió a recibir humillaciones, gritos y en una que otra ocasión un leve golpe y esta vez ya era general el maltrato: su suegra en vez de colaborarle para que su hijo cortara el cordón umbilical, le patrocinaba ese temor de separación y los obligaba a ambos a refugiarse en la casa de ella.

En este punto Victoria se dio cuenta que su esposo no iba a cambiar y antes de que sucediera cualquier accidente, decidió tomar cartas en el asunto y operarse para evitar volver a quedar embarazada, sin embargo, ella sabía que en la clínica le pedirían el permiso de su esposo y éste, con su orgullo de macho, jamás aceptaría otorgárselo, por lo tanto Victoria tuvo que recurrir al suegro (quien afortunadamente tenía el mismo nombre de su esposo) y con engaños pudo realizarse esta operación. Cuando llegó ese día a la casa, y su esposo se enteró lo que había hecho, los gritos aumentaron... afortunadamente estuvo en casa de su suegros, sino no quería ni imaginar qué habría sido de ella.

Como la situación económica empezó a desmejorar, Victoria le consiguió a su esposo un trabajo en el exterior. Ella veía que su matrimonio iba cuesta abajo, pero realizó un último esfuerzo por sacarlo a flote, por darle otra oportunidad a su marido. Quizás estando lejos de su madre, el podría crecer, madurar, responsabilizarse y concientizarse de su verdadero papel como esposo y como padre.

El esposo aceptó el trabajo y se fue, pero andando un tiempo, Victoria empezó a notar que no la llamaba, que la plata que debía enviarle a ella, su esposa, para la manutención de sus hijos iba a parar a manos de su suegra, y esta no le entregaba nada a Victoria. Esta habló un día con su esposo sobre esta situación y él simplemente le contestó: "Es mi mamá, ella es la que manda, si no sabes atenerte a sus órdenes, entonces anda tu a trabajar"

Esta fue la gota que rebosó la copa, Victoria no podía aguantar más humillaciones. Simplemente un día agarró a sus hijos, recogió un poco de ropa, llamó a su marido y le dijo que quería el divorcio y se fue de la casa de sus suegros. Cuando su esposo se enteró de esto se devolvió inmediatamente al país, pero ella ya se había ido. El hombre se mostró devastado, deprimido, no tenía tranquilidad. Los rumores eran que Victoria tenía a los niños escondidos de su padre, que se había ido de la ciudad, del país... la familia política empezaría entonces a hablar de secuestro infantil...

Continuará

4 comentarios:

  1. Wow, Kate, impresionante historia. Las mujeres -bueno, también los hombres- deberíamos tener esa admirable capacidad de no permitir q nadie nos pisotee. Qué tal ella aguantándose todo eso, aún después de haber sido tan agradecida con la flia de su esposo.

    Kate, me encanta como lo narras... No sé, te siento como más fluida, como q escribir se ha vuelto más natural para tí, me alegra ♪♫

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  2. Jm.. y esa es sólo la primera parte de la historia... de verdad que me impactó bastante. Y pues sí, siento que me es más fácil escribir, aunque sé que aún me falta mucho por aprender, pero bueno, para eso es este espacio, para practicar.

    Muchas gracias por leer los relaticos!

    Un abrazo!

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  3. Cuando el amor llega a las personas tratamos de esconder muchas realidades que después con el correr del tiempo nos damos cuenta pero ya es tarde.
    Moraleja: Abre el libro de quien te enamoras y descubre la letra menuda, encontraras muchas sorpresas positivas y no creas que lo negativo se compone en el camino. "error"

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  4. Excelente pensamiento. Gracias por compartirlo.

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