viernes, 16 de julio de 2010

En tu perfil


Seguía sin poder creerlo. Les hemos abierto las puertas de nuestro hogar y no nos habíamos dado cuenta.

Estaba detenido en la sala de interrogación, yo acababa de salir de ahí y no podía quitármelo de la cabeza. Es el interrogatorio más escalofriante de todos los que he conducido. Tan sólo recordarlo me da una sensación de terror inimaginable.

- ¿Sabe usted porqué está aquí?
- Posiblemente.
- Señor, ¿sabe usted porqué fue detenido?
- ¿Detenido? - Pensé que íbamos a conversar.
- Y lo haremos. ¿Dígame porqué mato a Muriel López?
- Yo no la maté, ella no está muerta
- Señor, su cadáver fue identificado por sus padres, ¿me dice usted que no está muerta?
- Ella no está muerta.
- (suspiros) Por favor, cuéntenos la historia completa. ¿Porqué la mató?
- ¿Por qué? No la maté, yo la salvé.
- ¿Salvarla de qué? Ella no lo conocía, debe haber otro motivo.
- Pues, ese es mi motivo. Yo le dediqué mi vida.
- Señor, por favor, cuéntenos... ¿cómo la salvó?
- Está bien. Pero déjeme hablar y no me interrumpa. Quizás sea la última vez que pueda hablar.
- Está bien.
-Ella me gustó desde la primera vez que la vi, era bastante descomplicada. Su vida era un libro abierto para todos los que la quisieran leer.
- ¿Dónde la conoció?
- Cerca a su colegio, yo trabajaba en los edificios frente a su colegio, y a ella le gustaba quedarse hasta tarde con sus amigos en la tienda que había cerca de allí. Su cabello coloreado y su falda corta llamaron mi atención. No le tenía miedo a nada. Era un espíritu libre.

Escuchaba a sus amigas llamarla Muriel y veía cuando se tomaban fotos, hacían videos y se mostraban abiertamente al mundo. Poco a poco me di cuenta que ella hacía todo esto para mí, su risa, sus gestos... todo era una invitación para que la viera.

El tiempo pasaba y ella seguía llamando mi atención, pero era una diosa, y no me atrevía a acercarme. Todas las mañanas me levantaba con el firme propósito de acercármele. Pero seguía sin atreverme. Los celos me carcomían cuando veía como sus amigos la rodeaban y como ella los aceptaba.

Un día me levanté determinado a hablarle pero ella no fue ese día a la tienda. Pasaron varios días, y semanas, y me empecé a preocupar. Reuní el valor suficiente y les pregunté a sus amigos. Recibí una noticia escalofriante: ella ya no estudiaba más en ese colegio. Sentí que mi mundo se vino abajo, ella se convirtió en mi salvavidas, y de repente, por caprichos de su padre, me la arrebataron.

Me puse manos a la obra y la busqué en facebook, no sabía su apellido, así que puse Muriel + Colegio San Mariano, aparecieron cientos de fotos, personas de muchos lugares y muchos colegios San Mariano. Sin embargo, busqué pacientemente durante muchas horas una foto o una indicación... hasta que la vi. Allí estaba el cabello coloreado en una foto en la tienda. De inmediato le envié una solicitud de amistad. No pasó mucho tiempo cuando me aceptó. Ahí me di cuenta que, aunque ella no lo supiera, estábamos hechos el uno para el otro.

Entré a ver su perfil y fue una revelación. Tenía 16 años, recién cumplidos el 23 de octubre, había fotos de la celebración de su cumpleaños en varias partes, en el salón, en la tienda y en su casa. Había muchos más álbumes, vacaciones en la costa, de paseo con mis amigos, velitas 2008 en casa de la abuela, Yo cuando peque. Toda una vida en imágenes.

Por su facebook supe qué canciones le gustaban, qué libros había leído, cuál era su signo zodiacal, a qué le tenía miedo, sus opiniones políticas y tendencias religiosas. Supe que había terminado con su noviecito y para mi eterna felicidad "buscaba al hombre misterioso que la llevaría a un mundo mágico".

Por las fotos vi que su casa nueva era bonita, dos pisos, un garaje, tres habitaciones y una entrada preciosa rodeada de altos árboles. También vi unos maravillosos acantilados al fondo.

También encontré su blog, ahí fue cuando empecé a conocerla mucho más. Supe que se había mudado a una ciudad cercana porque a su padre, un policía veterano, lo habían trasladado. Su madre era costurera y había logrado encontrar un trabajo a tiempo completo en una fábrica de telas. Supe que no le gustaba la carne roja, aunque no era vegetariana, que quería estudiar odontología cuando se graduara, que lo que más le gustaba de su nuevo hogar era la vista de los acantilados detrás de su casa.

Conocí a su familia, tenía la belleza de su madre. No se parecía a su padre. Luego por su blog me enteré que su padre biológico había muerto antes que ella naciera, que ese era su padrastro a quien quería mucho.

Por sus comentarios en el muro supe que estaba triste, que extrañaba su antiguo hogar. Cuando hablaba con sus ex compañeras, comentando las fotos, les contaba lo diferente que era su nuevo hogar. Que estaba sola, que sus padres casi no se mantenían en la casa y que aún no había podido hacer amigos.

Cada una de las frases que ponía estaba cargada de melancolía, y me dolía, aunque un tiempo después, poco a poco, fueron cambiando. De repente sus nuevos estados eran: "ya me estoy adaptando", "el futuro no es tan negro como pensaba", "en el mall con los del cole" empezaron a ser constantes.

Cuando me di cuenta de ello de inmediato supe que tenía que salvarla y traerla a mi lado. Quizás ella no era consciente, pero estaba olvidando la vida que teníamos juntos aquí. Ella era fuerte, y se estaba adaptando a su nuevo ambiente, pero en sus palabras entreví un mensaje codificado para mí: su grito de ayuda. Era yo quien debía oírlo, era yo quien debía rescatarla.

Empecé a averiguar por su facebook su paradero. Ya sabía que se encontraba en ciudad Coral, a unas 8 horas de distancia. Sabía que estaba estudiando en un colegio llamado San Martinico, pues este era el escudo de su nuevo uniforme, además de que etiquetaba sus fotos con la descripción detallada de su estadía.

Emprendí rumbo a ciudad Coral, durante dos días estudié cómo encontrarla. Analicé todas las fotos y construí un pequeño mosaico de dónde estudiaba, el mall que le gustaba visitar, lo que aún no tenía claro era dónde quedaba exactamente su nueva casa. Sabía que estaba al norte de la ciudad, por los acantilados, pero no sabía exactamente qué dirección tenía. Además, también sabía que una vez llegaba del colegio, se quedaba sola toda la tarde hasta cuando llegaba su madre. Busqué los horarios de las fábricas textiles y supe que terminaban labores a las seis. La más cercana quedaba a una media hora de distancia, entonces sabía que mínimo hasta las seis y media, ella estaba completamente sola.

Aún dudaba si era mi deber rescatarla, no quería parecer prematuro, pero algo me decía que no desistiera. Ese mismo día, mis sospechas se confirmaron ciertas: ella colgó un video de sus clases de manejo, y de cómo daba una vuelta por su barrio. Ahí pude darme cuenta de una dirección cerca a su casa. Ahí también me di cuenta que ella me estaba llevando a su hogar, que yo era su caballero misterioso. Me pedía que la rescatara.

Me dirigí hacia allí. Con las fotos que tenía y una breve búsqueda en Google Maps empecé a reconocer los caminos. Vi los acantilados que tanto amaba, reconocí el mural pintado por donde ella había pasado y supe que estaba por buen camino. Llegué a una calle llena de casas grandes y antejardines verdes. No sabía bien cuál era la casa de ella, así que me quedé toda la tarde dando vueltas, sin mostrarme mucho en los alrededores para no despertar sospechas.

Casi anocheciendo vi a un hombre con uniforme militar. En un principio me asusté porque pensé que alguien había llamado a la policía. Luego recordé que el padrastro de Muriel era policía. Vigilé atentamente a qué casa entraba. Por fin pude ver ese rostro que tanto había buscado cuando ella salió a saludar a su padrastro. Espié por una de las ventanas bajas la cena familiar, cuando ella subió a su habitación y cuando encendió la luz de su cuarto. Frente a su ventana había un árbol al que me trepé para poder observarla atentamente. Vi como se sentaba tranquilamente frente a su computadora, cómo hablaba por teléfono y luego como se arreglaba para salir.

Durante varios días la observé atentamente. Buscando de nuevo aquellos gestos que sólo eran para mí. Noche tras noche leía en su blog que había conocido a alguien maravilloso, que llenaba su mente y corazón. También leí una bella frase que colmó mi corazón "siento que unos ojos me vigilan en la noche" y supe que por fin estaríamos juntos para siempre. Ella sabía que yo estaba aquí.

Un día, paseando por su casa descubrí que un muchacho estaba en su puerta. Ella salió y compartieron un largo beso. Mi corazón se desgarró y sentí un balde de agua fría. Calambres fríos se apoderaron de mi estómago y mi cabeza se nubló. ¿Qué hacía? yo era por quien ella suspiraba, yo dejé mi vida para rescatarla, y ahora este extraño llegaba y se creía con el derecho de besarla. Sin embargo ¡pronto entendí! era el último grito desesperado, me pedía que la rescatara de esa vida miserable. Sabía que debía actuar pronto o la perdería.

Esa noche esperé a que llegaran, y cuando bajó del auto del muchacho y se dirigía hacia su casa, me presenté. Muchas veces imaginé ese momento. Ella correría a mis brazos y nos marcharíamos juntos, felices. Pero algo salió mal, ella no corrió a mis brazos, me miró y no me reconoció y vi el miedo en sus ojos. Yo quise decirle que no temiera, que todo iba a estar bien.

La abracé fuertemente y sentí como ella me devolvió el abrazo. Era fuerte, y su expresión de cariño rasgaba todo mi ser. Poco a poco se fue calmando. Luego la sostuve en mis brazos y nos fuimos juntos. Hasta que ustedes nos detuvieron para hablar.

- Señor, lo detuvo la policía de patrullas. Usted llevaba tres días viajando con el cadáver de Muriel a su lado.
- Ella no está muerta. Está aquí conmigo.

Salí de la sala de interrogatorios bastante conmocionado. Una chica inocente le abre sus puertas a un maníaco sin darse cuenta. Este la persigue y la asesina y alega que la salvó de una vida miserable. Lo más increíble fue como ella le dio todas las pistas para llegar, a través de su inocente vida en internet... debo decirle a mis hijos que bloqueen sus cuentas de facebook y...

- Señor, rápido, venga. El detenido de la sala de interrogatorios se ha colgado de su cinturón.

2 comentarios:

  1. y de donde salió esta historia???? que miedo.

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  2. jejeje, es una recopilación de varias historias de locos que he escuchado, agregándole un toque de los peligros de la red :), esta no es real pero se basa en hechos reales... y sip.. amí también me dio miedo

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